Buscando Respuestas en la Nevera

Varias veces en mi vida me he descontrolado con la comida (aparte del desorden colectivo de las fechas, por supuesto). Desde momentos en donde hasta el más delicioso manjar te sabe a tristeza y no te pasa del epiglotis, hasta aquellos en que arrasas con todo lo que no se mueva. 

Dietas yoyó que reviven tus culpas, laxantes para hacer como si “el día no hubiese existido”, pastillitas milagrosas para no tragar tanto que me provocaban delirio de persecución y hasta devoluciones de alimentos no deseados por el sitio de ingreso.

Entrar a la zona de peligro del hogar para abrir la valiosa caja fuerte de la cocina y comerte, a altas horas de la noche, hasta los estantes del refrigerador y las gavetas de la despensa intentando descifrar los karmas. Vaciar las cajas de cereales familiares y mordisquear el baguette del desayuno, cucharear el Milo, tomarte los jugos y gaseosas (a pico de botella), los que no te acabas, no sé si por piedad con los demás o por no dejar evidencia de la escena del pecado.

Aunque ya sanadas algunas de estas situaciones, recuerdo las rupturas amorosas, el regreso a mi ciudad y casa de mis padres, el estrés de los hijos y del trabajo, la muerte de mi papá, las despedidas, pérdidas y todas las crisis existenciales como mujer, hija, hermana, mamá, amiga y esposa. Todos los traumas que eran desahogados en la puerta de la nevera. Ni que decir de mis momentos de ansiedad, de presiones por sentirte “bonita”, de espera angustiosa, momentos decisivos, arrepentimientos y de comprender las razones del porqué viniste a este mundo. 

Súmale los días de guayabo (resaca) en donde todo lo dulce que veas está amenazado y también porque hay que reconocer que la comida es muy rica y porque la vida hay que disfrutarla, sin caer en los excesos.

Si bien es cierto que el metabolismo desacelera el ritmo con los años, así debe ser tu alma. Evolucionar y encontrar paz en otras cosas que nos llenen los vacíos del corazón y no del estómago. La comida es otro de los vicios que sólo son escapes de lo inevitable: Amarnos primero a nosotros mismos y ser conscientes de un estilo de vida más sano para que cuando abramos la nevera en busca de respuestas, las encontremos no sólo con las que tu cuerpo te agradezca, sino tambien explorándolas dentro de ti. 

3 comentarios en “Buscando Respuestas en la Nevera

  1. blogpowermom dijo:

    Es tan real, cuando era joven este tema de la comida siempre era mi consuelo. Hubo una edad se ataques de comer muchos dulces. Ahora me mata la ansiedad al no hacer las cosas a tiempo pero lastimosamente 😂😂no compramos dulces entonces me aguanto

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    • soymamamillennialblog dijo:

      Gracias por leerlo y por tu mensaje. Lo mismo por acá! Hago ejercicio pero luego no me aguanto la ansiedad. Y en los fines de semana Uff. Toca no comprar ni chocolates. Y ante cualquier problema me descontrolo. Son tiempos complejos. Pero ahí vamos trabajando en esto!! Saludos!!

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