¿Psicólogos para los Hijos? No

Cuando descubrí que mi hijo de trece años había pedido unas cervezas a domicilio con unos amigos, fue la primera vez que llamé a pedir auxilio a una psicóloga. Sentía que la situación se me había salido de las manos. 

No sé si fui extremista, pero esa fue mi reacción al entrar a su cuarto y sentir un tufo diferente al mal olor del sudor del fútbol. Por curiosidad, por carencias o porque es común en la adolescencia, no lo sé. Sólo hice lo que mi instinto maternal me pidió, como siempre y eso está bien. Creo que fue de gran ayuda, pero de ahí en adelante opté por delegar situaciones que primero me correspondían resolver a mi y terminaba siendo yo más parte de la terapia que ellos.

La ayuda profesional la necesitamos primero los padres. Luego socorremos a los hijos. A veces tratamos de llenar vacíos y suplir nuestras necesidades en la crianza de los niños. 

Soy consciente que hay casos que lo ameritan. Problemas de aprendizaje, somatizaciones, trastornos, pérdidas, separación de los padres, abuso, acoso escolar, aunque este también es un tema que comienza desde casa. Pero para situaciones manejables o de comportamiento,  los especialistas nos pueden dar pautas para trabajar en conjunto. De esta forma, la orientación se suaviza y se puede tratar mejor porque además estamos todos sintonizados.

Al llevar a mi hija menor a psicoterapia por sus rabietas constantes, salí destrozada cuando me dijeron que ella me pintaba sin brazos. Estresada por compromisos laborales y cinco hijos, me quedaba poco tiempo para una chiquita de cuatro años. O quizás mi dolor de espalda no me dejaba cargarla y yo interpreté mal su dibujo. 

El caso es que gracias a mi intuición y a la insinuación de la psicóloga, renuncié a un trabajo que exigía mucho de mi y comencé a dedicar más tiempo de calidad a mi y a mi famila. Los resultados fueron inmediatos. Mientras yo estaba más tranquila todo iba mejor. 

 
Ayúdate primero a ti. Resuelve tus conflictos. Sana tus heridas. Lee y documéntate de información útil y con ejemplos de otras personas. Escucha al profesional y a terceros imparciales que ven mejor desde la barrera. Te darás cuenta que no estás sola en esto. Luego, pide s.o.s. para afrontar situaciones como las primeras cervezas, los berrinches, la homosexualidad, el control de esfínter, los novios precoces, la separación y segundas nupcias, la enfermedad llamada adolescencia, y todo lo que me falta vivir en esta labor tan exigente y a la vez gratificante como es la de ser madre.

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