La Página en Blanco

Llegué tarde como de costumbre, pero afortunadamente aún no habían encontrado el salón. ¡Fiu, que salvada! pensé. Un taller intensivo de escritura durante un fin de semana largo con Andrés Mauricio Muñoz, ganador de varios premios nacionales y nominaciones de cuentos, no sólo me haría perder el miedo a salirme de mi esquema de escritura, la no-ficción, que ya bastante expuesta me ha dejado, pero además me libraría de un fin de semana que pintaba gris en casa con la crisis de pareja mensual de rigor.

Entramos al moderno salón donde teníamos que comenzar hablando de nosotros. Hice un gran intento por demostrar humildad frente a compañeros tan talentosos. Afortunadamente, ya había conocido a Andrés Mauricio cuando gentilmente aceptó presentar mi libro en la Librería Lerner en Bogotá, donde noté que carecía de esa arrogancia de algunos escritores que creen saberlo todo y a quienes no les gusta confiar sus técnicas y sus más secretos trucos.

Éramos un grupo pequeño, unos siete u ocho personajes dispuestos a entregarlo todo para enfrentarnos a esa página en blanco que tanto nos desvela, y nos convierte en un ente frente a la familia, en la mitad del almuerzo, en plena jornada de trabajo y hasta en la mitad de la relación sexual.

Inmediatamente, comenzamos a crear nuestro primer personaje: Anne. Por supuesto, una mujer. Me junté con un canadiense y una costeña quien se ganó mi confianza cuando nos compartió unos deliciosos chocolates negros.

Anne, una persona conflictiva, no sólo por haber sido abusada por el alcalde de un pueblo imaginario de Canadá, lo que la había llevado a asesinarlo en defensa propia, sino porque el veredicto por parte de los jueces no la había convencido: INOCENTE.

Me devoré los chocolates mientras defendía mis ideas como hijos propios y desde ese momento comencé a imaginarme a Anne, a crear su personalidad, su edad física y mental, la manera como afrontaría la vida. 
Los otros grupos presentaron a un taxista y a un sacerdote. Y no, no era pederasta.

Al día siguiente leímos un cuento muy ameno y divertido acerca de querellas entre un par de vecinos ancianos. Continuábamos enfrentando la página en blanco. “Mierda”, pensé. Ahora si estoy bloqueada. Hablamos de esa hoja vacía que nos hace delirar mientras se vuelve un arroz con mango y nunca nos parece tener sentido. 

El último día del taller, yo con hija a bordo, trabajamos en la trama, bastante trágica y existencial como la mayoría de mis escritos y, para mi sorpresa, Andrés nos compartió ejemplos de cuentos, basados en historias cotidianas, que incluían conversaciones en bares y hasta la trivial visita de un vendedor de lavadoras.

Anne se convirtió en el personaje del cuento de mis hijos durante la semana siguiente. Ya no se llamaba Anne, en mi mente se había transformado en Dayana. Tiene un poco de mí y de todas nosotras.

En este camino de transitar entre la no ficción y la ficción, recogemos todo eso que viaja entre la imaginación y los recuerdos y lo convertimos en la primera realidad de nuestra pagina en blanco.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s