La homofobia si tiene cura

Estamos en el mundo al revés. Igual que el hotel en Cartagena en Diciembre de 2016. El caso del escándalo ridículo. Nuestros hijos siguen siendo acosados.

Parece que olvidáramos que vivimos en pleno siglo 21, que la discriminación es ilegal en Colombia y que actos como los del Centro Comercial Andino tienen sanciones. Y que peor aún, adentro de algunos hogares, de aulas, de sitios de trabajo, hay seres sufriendo.

Según algunos psicoanalistas, por debajo de la homofobia hay miedo, aversión u odio irracional que puede manifestarse en conductas agresivas y en algunos casos, en una homosexualidad latente.

Me pregunto hasta donde puede llevar este miedo, que hace que personas que además de haber viajado por el mundo y que, viviendo en una ciudad cosmopolita, sean capaces de gritar “animal” y “cochino” a un par de jóvenes frente a todos en el centro comercial mas exclusivo de Bogotá, quienes además, terminaron multados.

Todos hemos crecido con prejuicios, de buena fe nuestros padres y escuelas nos educaron en la heteronormatividad. Pero el sentido común y de humanidad y vivir situaciones familiares nos ha hecho a muchos desprendernos de esos conceptos crueles y equivocados. Falta de empatía, desconocimiento y hasta negación pueden ser las razones que lleven a algunas personas a agredir, como el lamentable hecho del Centro Comercial, del hotel en Cartagena, del McDonalds de Bucaramanga y de muchos otros qué siguen sucediendo injustamente a diario en nuestro país.

¿Hasta cuando vamos a permitir estas injusticias? me sigo cuestionando. ¿Conoces el miedo de los jóvenes, las cifras de acoso que afecta la salud mental de quienes están cuestionando su sexualidad y no por “ser animales y cochinos”, sino porque muy orgullosa y valientemente son capaces de enfrentar su realidad ante el mundo y aceptarse y amarse como son.

La Página en Blanco

Llegué tarde como de costumbre, pero afortunadamente aún no habían encontrado el salón. ¡Fiu, que salvada! pensé. Un taller intensivo de escritura durante un fin de semana largo con Andrés Mauricio Muñoz, ganador de varios premios nacionales y nominaciones de cuentos, no sólo me haría perder el miedo a salirme de mi esquema de escritura, la no-ficción, que ya bastante expuesta me ha dejado, pero además me libraría de un fin de semana que pintaba gris en casa con la crisis de pareja mensual de rigor.

Entramos al moderno salón donde teníamos que comenzar hablando de nosotros. Hice un gran intento por demostrar humildad frente a compañeros tan talentosos. Afortunadamente, ya había conocido a Andrés Mauricio cuando gentilmente aceptó presentar mi libro en la Librería Lerner en Bogotá, donde noté que carecía de esa arrogancia de algunos escritores que creen saberlo todo y a quienes no les gusta confiar sus técnicas y sus más secretos trucos.

Éramos un grupo pequeño, unos siete u ocho personajes dispuestos a entregarlo todo para enfrentarnos a esa página en blanco que tanto nos desvela, y nos convierte en un ente frente a la familia, en la mitad del almuerzo, en plena jornada de trabajo y hasta en la mitad de la relación sexual.

Inmediatamente, comenzamos a crear nuestro primer personaje: Anne. Por supuesto, una mujer. Me junté con un canadiense y una costeña quien se ganó mi confianza cuando nos compartió unos deliciosos chocolates negros.

Anne, una persona conflictiva, no sólo por haber sido abusada por el alcalde de un pueblo imaginario de Canadá, lo que la había llevado a asesinarlo en defensa propia, sino porque el veredicto por parte de los jueces no la había convencido: INOCENTE.

Me devoré los chocolates mientras defendía mis ideas como hijos propios y desde ese momento comencé a imaginarme a Anne, a crear su personalidad, su edad física y mental, la manera como afrontaría la vida. 
Los otros grupos presentaron a un taxista y a un sacerdote. Y no, no era pederasta.

Al día siguiente leímos un cuento muy ameno y divertido acerca de querellas entre un par de vecinos ancianos. Continuábamos enfrentando la página en blanco. “Mierda”, pensé. Ahora si estoy bloqueada. Hablamos de esa hoja vacía que nos hace delirar mientras se vuelve un arroz con mango y nunca nos parece tener sentido. 

El último día del taller, yo con hija a bordo, trabajamos en la trama, bastante trágica y existencial como la mayoría de mis escritos y, para mi sorpresa, Andrés nos compartió ejemplos de cuentos, basados en historias cotidianas, que incluían conversaciones en bares y hasta la trivial visita de un vendedor de lavadoras.

Anne se convirtió en el personaje del cuento de mis hijos durante la semana siguiente. Ya no se llamaba Anne, en mi mente se había transformado en Dayana. Tiene un poco de mí y de todas nosotras.

En este camino de transitar entre la no ficción y la ficción, recogemos todo eso que viaja entre la imaginación y los recuerdos y lo convertimos en la primera realidad de nuestra pagina en blanco.

CARTA DE UNA MADRE DEL TRIÁNGULO ROSA AL PAPA FRANCISCO

El amor de madre transforma cualquier paradigma. Muchas hemos sido educadas en la fe católica y tenemos más preguntas que respuestas, seguimos trabajando en prejuicios, tratando de aspirar a la coherencia, a ser cada vez un poco más justas, educando a nuestras familias a sentir empatía por el prójimo.

Pero más allá de los cuestionamientos, y del amor no sólo por los hijos, sino hablando por un nicho que no tiene voz, me tomo el atrevimiento de escribirle.

“En caso de duda, mejor no dejarlos entrar”…es la opinión de un obispo del Vaticano. Nuestros hijos han dudado con respecto a su sexualidad desde que tienen uso de razón, si algo malo pasa con ellos, si hay algo raro con su voz, si son pecadores, si irán al infierno, si nos decepcionan a todos. Sin embargo, para complacer a la sociedad, a las familias y a nosotras que le dimos la vida, han luchado para aceptarse como son.

Si “Dios me ama así y me hizo así”, ¿Porqué condicionar a nuestros hijos, si algunos, conservando el respeto tienen una verdadera vocación y consagración al servicio De Dios?

Si según la Iglesia Católica, la “inclinación homosexual es objetivamente un desorden” y con tu gran y humilde corazón afirmas que “está bien ser gay”, esto me confunde y me aleja.

Has sido mi gran líder con tus muestras de humanismo, con tus frases como “Quién soy yo para juzgar a los homosexuales”, mostrando flexibilidad en la comunión para católicos divorciados, pero la institución se resiste a los tiempos modernos, y no me refiero a algo que esté de “moda” sino porque ya las verdades no pueden taparse con las manos.

“Al Vaticano está llegando la moda de la homosexualidad”, nosotras como madres damos fe que casi siempre percibimos cómo sufría ese ser mientras se descubría y aún así hemos aceptado a nuestros hijos incondicionalmente, inculcándoles valores como el respeto, la tolerancia y la honestidad. De la misma manera en que se acepta a todos los seres humanos, con igualdad y misericordia.

Con toda humildad, quiero decirle que las Madres del Triángulo Rosa tenemos mucho dolor en nuestros corazones porque no están aceptando a nuestros hijos en su totalidad  y aunque muchas somos conscientes de que ellos no tienen una devoción por el sacerdocio, sabemos que no son enfermos, ni pervertidos ni aberrantes, que la homosexualidad es una realidad y que nadie merece ser tratado inferiormente. Todos somos seres humanos.

Se me agua el guarapo: relatos de migrantes

El pequeño Damián juega feliz en la grama de la esquina con el paquete de dulces que vende su tía en el semáforo. Su madre de piel canela y cabello castaño toma una pausa para amamantarlo a sus casi dos años y a la vez protegerlo del sol inclemente de Barranquilla, a pesar de haber comenzado a correr las brisas. Damián hace reír y cautiva con sus ojos verdes a las otras mujeres que se las ingenian para vender lo que casi todos los que aportan con monedas o billetes no son capaces de recibir.

Como Damián hay muchísimos niños venezolanos en las calles, cuyas madres esperan recoger los diecisiete mil pesos para pagar la pieza de la noche. Su mamá quiere amamantarlo el mayor tiempo posible, para garantizarle no solo protección y alimento, sino también salud. Otros niños mayores que juegan entre sí en la otra esquina, dejaron de ir al colegio desde que salieron de Venezuela. Bandas de músicos en los parques, esquinas y por fuera de los edificios esperando limosnas de parte de los más generosos, muchas veces las empleadas domésticas. Médicos que te atienden en los restaurantes, abogadas que te hacen el manicure. Cada día crece más la crisis social y humanitaria de los migrantes, algunos afortunados que al pronunciar su acento melodioso reciben ayuda de almas dadivosas y otros que enfrentan la mirada indiferente de los habitantes y algunos comentarios crueles. No pude dejar de fijarle mis ojos inquisidores a quien pagaba en la fila de un supermercado dirigiéndose a la cajera: No me des monedas de vueltas, más monedas, más venezolanos😥.

Por todo esto no deja de aguarse mi guarapo, como dicen los del vecino país, quienes a pesar de estar en las calles, están mejor que en su propio país.

*Raros es el nuevo normal- Weird is the new normal

En el fondo todos somos un grupo de raros disfrazados de normales. Me pregunto porqué nos llama la atención, encasillamos o agredimos al que logre expresar su ‘rareza’. No creo que nadie jamás haya sobresalido por ser ‘normal’. Y entonces ¿A quien de verdad admiramos? Detengámonos a observar a los que trascendieron históricamente en varios campos, en la ciencia, las artes, los deportes, en la literatura misma.

Nuestra verdadera autenticidad nos avergonzaba desde niños, al punto que hasta la escondíamos frente a las inclementes burlas. Y sufríamos, si, nuestra rareza provocaba dolor.

En busca de aceptación, disfrazábamos nuestra esencia, pura, aquella que nos hace únicos e irrepetibles, mientras complacíamos a los demás para parecernos a ellos. Todo eso con el propósito de ‘encajar’, de estar en ‘la jugada’. Era un camino mucho más fácil. Menos doloroso.

El instinto por pertenecer sacrificaba esa genuinidad. Algunos nos íbamos uniendo al ‘bonche’ para sobrevivir a medida que crecíamos. Otros, un poco más atrevidos fuimos buscando a los que asomaban su lado ‘raro’. Nos identificábamos con ellos y ya no era tan grave el acoso a este grupito de raros.

A veces lamento haberme dejado llevar por esos deseos desbordantes de pertenecer que me alejaron de mi proyecto de vida. Pero al irme desprendiendo de las telarañas y darme cuenta que los cuerdos no eran la gran maravilla de desierto, he ido logrando rescatar mi locura. Al fin y al cabo somos seres humanos. Todo forma parte del crecimiento, de la particularidad del ser.

Crecer duele. Que no te acepten duele. Pero más duele que te pierdas por no ser tú mismo, por querer ganar popularidad. No se trata de convertirse en antisociales ermitaños (y si eso implicase el oficio , ¿porqué no?)

No solo hablo de talentos, formas de vestir y personalidades. ¡Que divertido es conocer a una persona que proceda de otro lugar, luzca diferente, conviva en un hogar que no es el tradicional, que no tenga mi mismo color de piel, que se enamore de personas distintas a las que me gustan a mi, que haya sido recibido en el hogar de unos padres no biológicos extremadamente amorosos, que esté luchando con una discapacidad o condición, que prefiera otros pasatiempos, que le cueste trabajo socializar, que profese otros credos, o que simplemente se muestre como es! ¿Porqué nos parece insólito aceptar que hay personas enfrentando momentos difíciles por razones de salud, precariedad económica, alguna calamidad o aquellos que estén atravesando incomodidad por la situación política de su país. Esa adversidad NO las hace menos personas. También está bien no estar bien.

J.P. Sears, coach y comediante, dice que sueña con un mundo donde podamos ser nosotros mismos, expresarnos y encarnar la creatividad única de nuestro propio ser. Sería genial si en vez de juzgar, todos fuéramos un grupo de ‘loquitos ‘ auténticos, explorando matices diferentes, vistiéndonos de forma original (dentro de un límite por supuesto), dejando aflorar la creatividad y a la vez siendo respetados de manera que los más ‘normales’ se sintieran extraños y así lograran desprenderse de aquello que les impide ser auténticos.

Ojalá muchas más familias y centros educativos celebraran un poco a los ‘anormales’ y empoderaran a esos niños que quieren ser ellos mismos. Sería ideal que tanto padres como familiares, amigos y profesores evitáramos comentarios que puedan aplastar su espontaneidad. Porque basta con una frase o una mirada inquisidora para aniquilar esa ‘rareza’ que nos hace tan especiales. ¿Para que encajar si el mundo no es cuadrado ?

Leer a Marvel desde Barranquilla

Cuando has crecido en la misma ciudad y tiempos de los cuentos y novelas de Marvel Moreno, pareciera que cada párrafo despejara los misterios y cuestionamientos que fueron quedando grabados con los años. Cada calle, vajillas de moda, la sofocante temperatura y aquellas frases heredadas en el torrente sanguíneo hacen que no solo te identifiques con sus páginas sino que casi que irremediablemente te sumerja en una crisis existencial.

Pero como somos aún aspirantes a la coherencia, toca encontrar ese balance de pensamiento para seguir entendiendo que los cambios no se dan de la noche a la mañana, que no es malo ser “bichos raros” en ciudades donde nunca se encaja y que probablemente no sea el único lugar donde ocurran sucesos de los que habla Marvel.

En medio de historias de somníferos de una cultura patriarcal, innumerables criadas, esposas abnegadas y silenciadas, sueños truncados y señalamientos sociales, Marvel nos desestabiliza. Al alejarse como casi que una heroína en búsqueda de una autonomía que la libera, nos hace entender las costumbres caribeñas con ojos menos rebeldes y nos muestra la manera para seguir coexistiendo.

El legado de Sergio Urrego

Hace ya cuatro años, en mis últimos días como docente conocí el caso de Sergio Urrego, un estudiante de Bogotá que se quitó la vida después del matoneo que vivió mientras estaba a punto de graduarse. Nadie conocía que era buen estudiante, de hecho el mejor. Nadie mencionaba que había obtenido el mejor resultado de las pruebas para el ingreso a la universidad. Solo era etiquetado por su orientación sexual.

Sentí el más profundo dolor por lo que estaría pasando su familia y me solidaricé con las manifestaciones de apoyo de la mayoría de la gente. En un fallo de la Corte Constitucional, finalmente se ordenó a las instituciones educativas revisar sus manuales de convivencia, tendrían un plazo de seis meses para revaluar la enseñanza al respeto por la diversidad sexual.

Seguí las noticias en busca del desenlace de ese suceso que me parecía tan absurdo, pero no era capaz de leer las cartas que Sergio había dejado. Si en un artículo aparecía una transcripción de las cartas, lo cerraba, si pasaban una imagen en el noticiero, miraba hacia otro lugar. Había tantas personas que hubiesen podido ayudarlo…

Pero una noche me armé de valor y bajé al estudio. Me temblaban las manos en el teclado, mi corazón parecía estallar. Sentí una puñalada en mis entrañas mientras leía una carta tras otra…

Después de leerlas, me sequé las lágrimas.

En ese momento en Colombia se abrió la puerta para abordar el tema de la diversidad sexual desde el colegio.

Nunca imaginé que cuatro años después conocería a esa mamá que lucha incansablemente porque la memoria y dignidad de su hijo queden intactas y por cumplir la promesa que le hizo a su hijo. Sergio, no te olvidamos.