La Maletica

 

Puedo ser Mamá Millenial, Wonder Mom, La Súper Mamá  o la más “open minded”, pero a la hora de desconectarme de mis hijos y mi casa así sea por unos pocos días, soy la más débil de todas. Me quito el sombrero por la que les toca hacerlo por situaciones adversas de la vida. Admiro a las más ejecutivas y a las que por su espíritu libre  logran desprenderse fácilmente, disfrutando y a la vez escapando un rato del rollo doméstico.

Aunque aprendí a hacer maleticas para el fin de semana y despedirme de viernes a domingo de mis hijos mayores cuando les tocaba las visitas acordadas tras la separación, nunca me he acostumbrado a la idea de separarme de ellos. Parece mentira pero lo que más temía era hacer esa maletica. Siente uno como que no van a regresar. Y como la vida es muy irónica, me tocó hacerles la bendita maletica. Pero nada pasó. Ellos se fueron adaptando mientras yo aprovechaba para estudiar, conocer nuevos rumbos y personas y hasta quedarme en casa mirando al techo.

Hoy en día les confieso que me sigue costando mucho trabajo la víspera y el momento de la salida. Porque parece mentira: Hasta el perro se angustia cuando ve la famosa maletica. Pero a medida que pasan las horas, ya dejaste todo en orden, organizaste la logística de la casa y delegase todas tus funciones (menos las de pareja obviamente) la cosa va mejorando. Luego que repasas la cartilla rigurosa a todos los miembros de tu familia, les recuerdas a los adolescentes que no hagan fiestas en casa, los chiquitos entienden y dejan de llorar y se detiene la turbulencia del avión, finalmente te relajas y das cuenta que pueden sobrevivir unos cuantos días sin ti.

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Aunque  la imagen de la maletica me ha perseguido desde pequeña, con despedidas  de novios de telenovela y películas trágicas que no ayudan, es sano apartarse unos días de todo, oxigenarte, reconectarte con tu pareja, visitar a tus hijos o familiares, hacer un paréntesis. No soy la más indicada para decir esto. Casi siempre que puedo cargo con todos cual gallina con sus pollitos. Y cuando no puedo hacerlo, me voy con un nudito en la garganta.

Pero al regreso, aunque el viaje se te hace eterno, llegas de nuevo a casa,  recargada y emocionada de ver a los tuyos otra vez.  Con la maletica llena de regalos para todos menos para ti. Y aunque dejes atrás momentos inolvidables, comidas diferentes, y una partecita de tu corazón, vuelves a sentir las maripositas en el estómago. Eres la más feliz que te abracen y se alegren al verte.


Ya sea de escapada romántica, de trabajo o de visita familiar, que te vayas a un retiro, un tour o por cualquier otro motivo, la maletica que llevas carga alegrías, miedos, reencuentros con personas y con nosotros mismos. Son parte de la vida y necesarias para darte tu espacio y romper con la rutina, tomar decisiones importantes y valorar lo que tienes. A la vez sirven para que te extrañen un poco. En cada una de estas empacadas. tu mente y tu corazón regresan transformados, pero en el fondo es solo una maletica.

AMA TU CAOS

 

En la madrugada del veinticinco de Diciembre, mientras armábamos las pistas de carros y abríamos los regalos de navidad de los más pequeños, comenzaron a llegar los adolescentes de la casa con zapatos en mano caminando por encima de las piezas. Cuando eran aún más bebés, las despertadas de unos coincidían con las llegadas de los otros o viceversa. Hacía lo que humanamente podía para que el recién nacido no despertara a los otros, pasando por todos los cuartos rogando por unos cuantos minutos de sueño.

La logística de las madres de hoy suelen ser caóticas. Como mamá de cinco hijos de todas las edades, caer en brazos de Morfeo se convierte en tu más anhelada fantasía. Súmale si trabajas. Cumplir la agenda del hogar millennial es una verdadera maratón. Entre llevadas y traídas, distribución de remedios, apoyo en tareas, abastecimiento de loncheras y menús fits para ser democráticos,  quedamos exhaustas y  a las siete de la noche  comenzamos a pedir pista para quedar profundas. Al menos por un rato. Necesitas saber,  en tu estado alfa, que todos están bien. Que se llevaron la llave, que encontraron parqueadero, que se firmó la circular y los uniformes están listos, que no se subió la fiebre y que hay meriendas y desayuno para mañana. Luego no debes olvidar que tu pareja también llegó.

Cada familia es diferente. Lo que verdaderamente importa es que en la tuya las cosas funcionen. Pasando de ser set de fotografías y pinturas a sede de conciertos, laboratorios de ciencia y negocios de repostería, mi sala se convirtió en un escenario deportivo. Quitando todo lo que pudiera romperse o dañarse, fue el sitio en donde todos aprendieron a patinar. Con mesa de ping-pong y porterías imaginarias de fútbol (la puerta principal y la del baño social), logré que mis hijos estuvieran más en casa. “Un partidido a 11”, nos dicen antes de irse al colegio, lo que aprovechas para que sea el momento de hacer sentadillas mientras te vuelves cadi recogiendo bolas.

Con toda esta revolución diaria de quehaceres y responsabilidades para que salgan todos adelante, solo te queda respirar profundo y reírte del día a día. Aprovecha cada minuto de descanso que puedas. Hay momentos hermosos que compensan todo lo que haces. Algún día extrañarás cuando tu casa se vuelva silenciosa.

El App de la Intuición

 

Todos nacemos con estrella. No hay nadie mejor que nosotras para percibir la nuestra y para ver ese don especial de los hijos a medida que van creciendo. A veces nos dejamos presionar o nos vamos por el lado mas fácil y cómodo, dejando a un lado lo que de verdad nos apasiona.

Las mamás del milenio cambiamos el chip.  Soy consciente de la importancia de la buena formación académica, y se que siempre se necesitarán médicos, abogados, ingenieros y científicos, y por supuesto, que también hay que comer. Pero debemos actualizarnos, abrir la mente y saber que este mundo globalizado requiere además otras habilidades y gente competente y creativa. Aunque no lo creas,“Educación y Harry Potter” y “Ciencia y Tecnología del Surf” son carreras profesionales. Y esto no significa que vas a pasar todo el día en la playa o haciendo magia en Hogwarts.

No siempre trabajarán para una multinacional, ni marcarán tarjeta en la usual oficina de ocho a seis, cumpliendo las “horas nalga” requeridas. Hoy los hijos millennials siguen sus instintos. Diseñan, crean, son artistas, manejan social media, son críticos gastronómicos, ingenieros nucleares y ambientales, y porqué no, hasta paseadores de perros. También hay oficios dignos que demandan mucha dedicación y que con un poco de imaginación e innovación, podrían llegar a ser muy bien remunerados. Es solo verlo desde otra perspectiva.¡No siempre se tiene que trabajar en la NASA para ser exitoso!

¡Imagínate, Quiere estudiar cine! Me comentó una amiga al preguntarle por los planes de su hijo ahora que se graduara. No se si se lamentaba porque tendría que salir de la ciudad o porque se refería a algo fuera de lo común (por lo menos en nuestro medio). O tal vez se sentía orgullosa. Pero si, es cierto. Estas carreras rompen los paradigmas.. Cuando mi hijo comenzó a hacer fotografía, también dudé al principio de como podría proyectarse. Pues, lo bueno de esta generación y lo que ellos me han ido demostrando es que hoy en día muchos trabajan en lo que les gusta y no solo están subsistiendo, sino también teniendo éxito. No hay límites. Es un mundo inmenso, lleno de posibilidades. Solo hay que seguir esa voz, investigar un poco, hacer networking. Se irán generando momentos, encuentros, y nuevas oportunidades para materializar los sueños.

En mi caso personal, me dediqué a la docencia porque me permitía estar en contacto con la juventud y a la vez disfrutar momentos importantes con mis niños, gracias a la flexibilidad de horarios. Aunque me encantaba enseñar, sabía que debía salir de mi zona de confort en donde estuve por muchos años.  Y aunque no soy  ingeniera, ni tenía conocimientos de administración, también podía leer, capacitarme y actualizarme. Mis habilidades comunicativas podrían ser útiles. Me inventé un cargo en la empresa familiar y ahí voy aprendiendo un poco de todo cada día. Clases de técnica vocal, Volver a escribir, que rico retomar y  conectarte con lo que te apasione. No tienes que ser la más experta.

No hay nada que lamentar. Las cosas van llegando a su debido tiempo. No me refiero a que tienes que renunciar al banco o a la empresa en donde trabajas, ni que dejes a tus hijos tirados. No voy a comenzar el desorden. Puedes moverte de lugar si eres infeliz y si es posible sacar el tiempo, combinar tu trabajo y hacer lo que siempre has querido. Tener un espacio en un programa de radio, ¿Por qué no? ¿Capacitarte y brindar asesorías? Ya es el momento.

Aunque ya hoy en día existen Apps muy prácticos y útiles para ayudarte a decidir tu carrera o guiarte en tus áreas de interés, nada mejor que tu intuición. Escuchar la voz que te habla internamente que por ahí es o no es la cosa. Y de no ser así, siempre habrá tiempo de retomar el camino y dándole un espacio también a la razón,  encontrar nuestra verdadera vocación. Nunca es demasiado tarde.

La Segunda Administración

¿Buceas? Me preguntó con una sonrisa conquistadora y sus ojos penetrantes. “Claro”, le contesté. En aquellos días se me había dado por otra de esas”locuras” que uno hace tras una separación. Pero después del curso teórico, mi primera inmersión había sido un desastre. Muerta del miedo, no había logrado soltarme de la cuerda de la lancha, mientras que los demás se sumergían por los bellos mares de Taganga.”Ah bueno, entonces vamos el próximo domingo”, me dijo después de contarme que era buzo certificado y hasta había hecho buceo nocturno. “Listo”, le dije sin saber que estas mentiritas piadosas son los primeros errores que uno comete cuando está en pleno plan conquista y que algún día terminan descubriéndose.

Llegó el día del paseo y yo, confiada en que todo saldría bien, iba feliz y entusiasmada con mis nuevos accesorios de buceo que había corrido a comprar esa semana.  Cuando llegó el momento de colocarse los tanques le pedí su ayuda y sentí que me protegería ante cualquier situación. Los instructores estaban esperando que nuevamente me quedara aferrada a la pita submarina de la lancha. Pero yo, en cambio, me sumergí de espaldas, como toda una profesional PADI y vi por debajo del mar que me extendía la mano.  Me dejé llevar confiada ciegamente en que había llegado el momento de volver a enamorarme y que estaba dispuesta, si era preciso,  a atravesar el océano a su lado.

El siguiente paso era presentarlo ante mis tres hijos. Planeé la típica comida mejicana que uno nunca vuelve a hacerles (eso dice el). Mis niños, muy pequeños todavía, fueron bajando uno por uno las escaleras de mi casa, mientras el iba tragando en seco. Esa noche de tacos y de cartulinas decoradas que él les ayudó a hacer para una venta de limonada, me hizo soñar de nuevo con la familia que siempre había pedido para mi.

Comenzó una etapa hermosa de planes familiares, entre paseos eco- turísticos y visitas nocturnas clandestinas, mientras él daba el esperado paso que duró mas de seis años. Luego, con la alegría de la llegada de dos hijos mas, sellamos y consolidamos nuestra relación, en la que, aunque no es perfecta, se lucha diariamente por aceptarnos, vivir en armonía y respetar a todos los miembros de esta numerosa e increíble familia.

Con una separación nadie gana. Pero cuando no tienes otra alternativa, o ya has intentado todo por sacar tu matrimonio adelante, volver a construir el castillo de naipes si es posible. Y la buena noticia es que, por lo menos en mi caso y hasta la fecha, la segunda vez, aunque a veces un poco “enredado”, eres mas asertiva,  y ya no te ahogarás en un vaso con agua porque sabes lo que verdaderamente importa.

Solo queda agradecer y valorar los momentos que van marcando nuestra vida y la de los hijos y saber que si es posible, después de sanar y pasar algunas etapas de duelo, volverse a enamorar y formar un nuevo hogar.

 

 

 

El Nido Lleno

Duré escuchando las voces del ya llegué mami en la madrugada un par de semanas. Cuando me despertaba, me daba cuenta que era verdad: Si, ya no estaban en casa. La despedida de los hijos es algo para el que no estamos preparados. Ni con el hijo apegado, ni con el mas independiente. El silencio de la casa se hace cada vez mas notorio, pero hay algo que te comienza a unir mas: El amor a través de la distancia se afianza.

Los mensajes de te amo comienzan desde la partida en el ascensor hasta el día del regreso. Es allí cuando tu conectividad llega a un cien por ciento. Incluso cuando estás dormida. Comienzas a pensar en las visitas que les harás (les aconsejo no prolongarlas mucho), en tus próximas vacaciones que ya no serán por fuera, sino por el contrario, cuando ellos regresen. Las primeras fechas de cumpleaños, día de la madre y demás serán un poco duras mientras te acostumbres. Pero el lazo de unión es hermoso. Te buscarán cuando tengan problemas, les haga falta algo o se sientan solos. Y siempre seguirán siendo lo mas importante para ti.

Las despedidas suelen ser difíciles, pero debemos recordar que hay que dejar volar a los hijos. La salida del nido es lo que verdaderamente los hace enfrentarse al mundo por sí solos. Eso sí, ten la seguridad que el día que vuelvan de visita o a quedarse, seguirán con sus hábitos del hotel Mami de dejar toallas en el piso, el “no me gusta el almuerzo” o “se me olvidó la llave”.

Es el momento de hacer cosas para ti que nunca habías hecho antes. Inscribirte en clases de yoga, retomar la música o la pintura o tal vez escaparte para un merecido descanso o retiro. Al cabo de un tiempo estarás acostumbrada a que no estén contigo y estarás feliz cuando, llenos de amor y necesidades de afecto, seguridad y comida rica, vengan a tu hogar en busca de refugio.

La despedida de mis dos hijos mayores fue dura, y no quiero imaginarme como será la del tercero que está próximo a irse, aunque en mi caso, siempre queda alguien en casa. Quizás cuando se vaya el último, me trague todas estas palabras. Pero por ahora, voy viviendo el proceso, uno por uno. Se que hay madres que están pasando por esto o que viven esta separación por primera vez, por eso quería compartirles mi experiencia y decirles que cada día se hace más fácil. Que es importante que sanemos nuestras diferencias y nos abramos a verdades antes de esta partida, para que la relación se solidifique y se vayan tranquilos, sin cargas. Ellos, vuelvan o no, estarán siempre en nuestro corazón.

La Paz Comienza Por Casa

Quiero estar solo. Estas palabras entran al corazón de una mamá como un puñal. Cuesta trabajo entender que por quien has entregado tanto no quiera verte por un rato. Escuchas cuando tu hija adolescente le dice a sus amigas: Que pereza ir con mi mamá, déjanos asolear, no me tomes más fotos, no me des tantos likes en facebook, son muchos días de vacaciones contigo, o alguna de estas frases que te duelen y te hacen aterrizar. Entonces, es momento de evaluar si estamos siendo muy controladoras y si debemos dar un paso atrás.

Hoy ya no solo son los adolescentes quienes te dicen esto. Mi hija de cinco años me saca de su cuarto frecuentemente. Debemos entender que así como hay veces en que tu misma quieres encerrarte en tu cuarto, baño, closet o hasta en un búnker por unos minutos y no escuchar la palabra”Mami”, así ellos también necesitan su espacio.

Comencé a percibir que mi hijo sería un espíritu libre, cuando gateando, perseguía todo lo que tuviera movimiento. Le extendía sus brazos al primero que llegara a la casa para que lo paseara. Con menos de dos años, superó en su pequeñito mundo, los conflictos de una separación. El dolor y el miedo de sacarlo adelante fueron mis sentimientos mas profundos. Pero día a día me demostró su tenacidad y me enseñó, con su sonrisa, que hay que seguir viviendo a pesar de las adversidades.

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Mientras pasábamos nuestro duelo en casa de amigos, tíos y tías generosos que nos apoyaron en esta etapa aburrida, inventándose paseos y planes para sacarnos de la casa, mi hijo gozaba cada momento con sus hermanos mayores, primos y amigos. Este guerrerito alegre al que todo el mundo quería invitar y el único que se prestaba para las bromas de sus  primos mayores, aprendió a llamar por teléfono desde los dos años, marcando el número de su prima contemporánea desde las seis de la mañana (perdóname cuñado por tantas despertadas) mientras balbuceaba sus primeras palabras: Onta Paola.

Se ganó el corazón de todos con su camaradería, amor y pasión por la vida. Ya hoy a punto de finalizar su bachillerato e irse a estudiar afuera (sniff), escasamente está en casa. Entre partidos, paseos, fiestas, salidas a comer y otras mas que prefiero no imaginarme, mi hijo “sandwich”, o “compañero de clase” como le llamo yo con cariño, se ríe de mi cuando le digo “esto no es un hotel” o con mas frecuencia “calienta la casa”, frase heredada de mis padres, que a propósito, nunca entendí su connotación.

Se presenta diariamente con sus guayos deportivos embarrados, los que deja en la entrada de la casa (sitio de parqueo colectivo de calzado), llama desde la gasolinera porque no le alcanzó la plata para la gasolina o para la cuenta del restaurante, o te escribe desde el colegio porque olvidó llevar la cartulina. Y yo, llena de dudas, sin saber si es lo correcto o no, termino siempre apoyándolo y alcahueteándolo, luego de cantarle la cartilla rigurosa de responsabilidad y compromiso, porque basta una mirada, una frase o un gesto de nobleza suyo para que solo puedas derretirte.

Pero así como en nosotros, también hay días grises. Y cuando veamos que este niño o adolescente llegue a casa triste o aburrido, por cualquier motivo personal, debemos entender que hay que dejarlos solos. Que a veces solo tienen sueño, o están cansados, quieren hablar o chatear con alguien mas, fantasear o simplemente disfrutar de su privacidad y soledad. Si los atacamos con preguntas como que tienes o que te pasa con insistencia, probablemente nos van a responder con un déjame solo(a).

Respetar el silencio de los hijos no es fácil. Pero si algún día nos piden que salgamos del cuarto o nos dicen “ahora no mami”, respiremos profundo sin resentimiento y esperemos que procesen por lo que están pasando. Al cabo de un tiempo nos volverán a buscar para hablarnos y hasta abrazarnos, y nuevamente estaremos allí, llenas de amor incondicional, dispuestas a darlo todo.

 

 

Vivir para Aprender

A los veintidós años regresé a casa de mis padres. Había estado por fuera un tiempo intentando buscar la tan anhelada “independencia” con la que soñamos desde niños. Mis cinco hermanos mayores se habían casado y sentí que ya era mi turno. La vida en Bogotá no había sido fácil para una costeña que llegó a la deriva a buscar trabajo y estudios de posgrado sin apoyo económico. Pasando por casa de tías con las cuales no tenía ningún vinculo afectivo y compartiendo apartamentos con otras que también se arriesgaban a probar mejor suerte que en la provincia.

Sobreviviendo rupturas amorosas, y dificultades normales de trabajo, convivencia y adaptación,  entré en crisis de querer regresar a la casa de mis padres. Luego de dejar las llaves adentro de un apartamento un domingo en pijamas y sin encontrar cerrajería abierta (estamos hablando de 1991 cuando no había celular y el único modo era el teléfono público de la tienda de al frente, ya que los vecinos no te hacían ningún favor), me di cuenta que lo mas fácil era regresar. Ese día compartí cigarrillos y coffee delights ilimitadamente con el portero del edificio, hasta que por fin pude conseguir un cerrajero al final de la tarde. Fue cuando pensé que esto no me pasaría en mi ciudad, con mi familia, con la que siempre he contado. Entonces regresé a mi casa decepcionada de la vida allá afuera.

Me enfrenté de nuevo al régimen disciplinario de mi papá y a la economía exagerada de mi mamá. Esperaba que ellos solucionaran mis problemas. Regresar al nido fue como un refugio para mi pero a la vez significaba revivir conflictos de mi adolescencia. Además, la ansiedad e incertidumbre me habían ayudado a subir unos cuantos kilos, lo que bajaba aún mas mi autoestima. La presión del matrimonio pesaba. Era la edad “perfecta” para casarse. El volver a mi ciudad incrementó la necesidad de encontrar a alguien que solucionara la vida.

La presencia de mis sobrinos, la vida en familia, los domingos cuidando a mi adorado hermano menor despertaron mi maternidad. Por otro lado, lo “mal visto” de disfrutar espacios de soltera, sumándole la presión de los padres por cumplir las normas del hogar y la falta de recursos económicos para suplir mis necesidades, hicieron apresurarme al cambio de estado civil.

No se cuantas veces en la vida lamenté este regreso a casa. En momentos en que la vida me tocó el hombro dejándome algunas enseñanzas, me imaginaba si mi vida habría sido diferente si yo hubiese enfrentado y superado estos pequeños obstáculos. Afortunadamente hoy la mujer no siente la presión de casarse y tener hijos tan temprano como antes y las personas alrededor ya no se encargan de recordarlo tan seguido. Aunque son otras épocas, a veces la vida parece repetir su ciclo y revivirte estos momentos, en donde tus decisiones marcaron tu historia.

Hoy en día pienso que todo esto lo tuve que vivir. Que aunque mi primer matrimonio no tuvo éxito, tuve hijos maravillosos que me enseñan todos los días algo nuevo. Y por mas que quiera evitar que se repita esta historia con ellos, tengo que dejar que ellos mismos, se equivoquen o no, aprendan de la vida. Por eso te dejo mi reflexión de  la semana: Deja que tus hijos vivan y se equivoquen. La experiencia es nuestro mejor maestro.