Las mentiras sobre los hijos Millennials

Salgo en defensa de esta población, no por ser la mamá de los pollitos, sino porque considero que si esta generación se caracteriza por patrones y actitudes similares, las causas deben ser ajenas a su voluntad. Los Hijos Millennials son producto de dos factores importantes: un mundo cambiante y unos padres permisivos que no quisimos repetir la educación rigurosa de los nuestros.

Los juzgan, los encasillan y los describen generalizadamente: Flojos, egoístas, gastadores, rebeldes, conectados todo el día a la web. Innumerables artículos y memes del tema del momento (aunque ya están siendo desplazados por “The new kids on the block”- los Centennials, que vienen con toda!). 😀

 Videos virales explicando las “verdades” sobre estos ciudadanos nacidos entre 1981 y 2000. Y decimos “WOW” parecen estar hablando del mío. Pero seguimos los mismos patrones de crianza. Esperando cambios en ellos que difícilmente ocurrirán.  Nos preguntamos QUE HACER como padres. No tengo la fórmula mágica pero lo estoy intentando para poder sobrevivir en la convivencia con estos “personajes” y no repetir los errores con los que vinieron después del milenio.

Te comparto algunas recomendaciones para ser mamá de un Millennial y no morir en el intento.

1. Buscar apoyo. No podemos solas. Adelantarnos a los acontecimientos. Estar preparadas para lo que pueda suceder. No estamos exentos de nada. 

2. Imponer condiciones. Negociar con ellos. Nunca es tarde. Horarios, reuniones, delegar roles y hablarles con firmeza. 

3. Esmerarnos en educarlos a ser más humanos. No solo que sean millonarios, famosos y heterosexuales. Con que sean buenas personas, lo habremos hecho bien. 

4. Dejar los miedos. Las culpas. Ellos son quienes deben adaptarse a tu entorno. Tú llevas el timón. Si no lo hacen, se fuerte. No retrocedas. 

5. Cambiarles la película. Son egocéntricos pero no todo debe girar en torno a ellos. No darse mala vida si el proceso es lento. Algún día fluirá si sabes adónde llevar el barco. 

6. Aceptar la realidad de los nuevos tiempos y mantenerte actualizada. 

7. Sacar tiempo para ti, tu trabajo, pasatiempo o actividad favorita. Mientras menos estés encima de ellos, más leve es la tormenta.

8. Conoce y habla con otros Millennials. Te darás cuenta que no son los únicos y que hay otros peores. 😂

Trabajo con Millennials extremadamente creativos y además responsables. Aprendo de ellos y me inspiro permanentemente con sus ideas, consejos prácticos y las últimas apps. He conocido a otros increíblemente humanos que me han sensibilizado y hecho reconocer la importancia de entenderlos como lo que son: Una generación diferente. 

Cinco Pasos para anular la Creatividad de tus hijos

Como todos los padres no somos iguales, ni tenemos el mismo tiempo, paciencia, recursos e imaginación, es necesario que compartamos ideas de lo que funciona con ellos y también en lo que creemos fracasar. He ido aprendiendo muchas recomendaciones de otros padres, como por ejemplo la importancia de las reglas en la estructura familiar y trato de aplicarlo día a día con los míos, a mi manera, sin ser la más permisiva de todos pero tampoco conviviendo en un régimen de terror.

Cuando tienes cinco artistas en casa, toca contar lo que NO ha pasado en este escenario del hogar. Algunos los hice, otros no, pero la idea es nunca lamentar, sino comenzar de nuevo!!

  1. No los dejes vestir a su manera. Oblígalos a ponerse los zapatos desde bebés. Sigue los consejos de tu vecina o pariente indiscreta para hacer lo que todos hagan. Llevarla vestida de princesita, o tal vez, de pajecito al picnic más informal que te hayan invitado.
  2. Permíteles que vean televisión antes de dormirse. Nunca les cuentes tus historias o cuentos acordes a su edad, ni hagas el cierre de lo que pasó en el día. Los pensamientos negativos quedarán en sus corazoncitos y no dejarán volar su imaginación.
  3. Mantenlos ocupados todo el día, con actividades extracurriculares y recárgalos con terapias y clases toda la tarde. Así no dejarás ni un minuto para el aburrimiento y lograrás apartar el mínimo destello de ese niño creativo que todos llevamos dentro. De paso permite que usen su tablet ilimitadamente.
  4. Cuando veas que es bueno en algo, teme que será un niño diferente. “Eso no lo hacen sus amigos”. Invierte tu tiempo y dinero en otras cosas en vez de fomentarle y apoyarlo en su don especial. No les estimules la música y cree que es “cursi” llevarlos a obras de teatro y actividades artísticas. No los dejes pintar ni ensuciar tu casa por que la visita que llega es mas importante que los que viven adentro. Lo que ellos sienten lo pueden expresar en sus dibujos.
  5. Pór último, exígele que no se equivoque. Corrígelo en público y no le expliques como deben hacerse las cosas. No tolerará su frustración ni entenderá que la vida está llena de enseñanzas que vienen disfrazadas de errores.

Son tiempos complejos y la tarea de ser padres es agobiante. Sin culparnos y con metas realistas, dando un paso a la vez, podemos rescatar esa creatividad que nos hace saltar de la cama para vivir intensamente, haciendo lo que nos emociona para así lograr trascender. Resaltando todo lo que hace bien, en vez de criticar lo que no puede, no solo formaremos a un niño creativo y feliz, sino que también viviremos en un hogar más armonioso. Suerte!

 

¿Psicólogos para los Hijos? No

Cuando descubrí que mi hijo de trece años había pedido unas cervezas a domicilio con unos amigos, fue la primera vez que llamé a pedir auxilio a una psicóloga. Sentía que la situación se me había salido de las manos. 

No sé si fui extremista, pero esa fue mi reacción al entrar a su cuarto y sentir un tufo diferente al mal olor del sudor del fútbol. Por curiosidad, por carencias o porque es común en la adolescencia, no lo sé. Sólo hice lo que mi instinto maternal me pidió, como siempre y eso está bien. Creo que fue de gran ayuda, pero de ahí en adelante opté por delegar situaciones que primero me correspondían resolver a mi y terminaba siendo yo más parte de la terapia que ellos.

La ayuda profesional la necesitamos primero los padres. Luego socorremos a los hijos. A veces tratamos de llenar vacíos y suplir nuestras necesidades en la crianza de los niños. 

Soy consciente que hay casos que lo ameritan. Problemas de aprendizaje, somatizaciones, trastornos, pérdidas, separación de los padres, abuso, acoso escolar, aunque este también es un tema que comienza desde casa. Pero para situaciones manejables o de comportamiento,  los especialistas nos pueden dar pautas para trabajar en conjunto. De esta forma, la orientación se suaviza y se puede tratar mejor porque además estamos todos sintonizados.

Al llevar a mi hija menor a psicoterapia por sus rabietas constantes, salí destrozada cuando me dijeron que ella me pintaba sin brazos. Estresada por compromisos laborales y cinco hijos, me quedaba poco tiempo para una chiquita de cuatro años. O quizás mi dolor de espalda no me dejaba cargarla y yo interpreté mal su dibujo. 

El caso es que gracias a mi intuición y a la insinuación de la psicóloga, renuncié a un trabajo que exigía mucho de mi y comencé a dedicar más tiempo de calidad a mi y a mi famila. Los resultados fueron inmediatos. Mientras yo estaba más tranquila todo iba mejor. 

 
Ayúdate primero a ti. Resuelve tus conflictos. Sana tus heridas. Lee y documéntate de información útil y con ejemplos de otras personas. Escucha al profesional y a terceros imparciales que ven mejor desde la barrera. Te darás cuenta que no estás sola en esto. Luego, pide s.o.s. para afrontar situaciones como las primeras cervezas, los berrinches, la homosexualidad, el control de esfínter, los novios precoces, la separación y segundas nupcias, la enfermedad llamada adolescencia, y todo lo que me falta vivir en esta labor tan exigente y a la vez gratificante como es la de ser madre.

Abre tu Mente, Empaca tu Maleta..al Carnaval de Barranquilla

Si lo miras con ojos de viajero, todo puede ser interesante, enriquecedor y hasta divertido. Mark Twain, escribió que el viaje es “fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de miras”. Alejarte un poco de tu cotidianidad, descubrir lugares nuevos y conocer su gente.

No hace falta que “tires la casa por la ventana” para realizar un viaje. Busca el destino que se ajuste a tu gusto y presupuesto. Desde un viaje ecoturístico por las montañas o a la playa mas recóndita, experimentar un tour gastronómico, visitar ruinas o museos, hasta estudiar un nuevo idioma en un país extranjero, un viaje siempre es una nueva oportunidad para ser personas mas abiertas y cultas.

Estudios han demostrado que viajar y conocer diferentes escenarios aumenta la creatividad y hasta mejora la salud, nos hace más tolerantes y de hecho más felices. Es lo que vivirás al visitar el Carnaval de Barranquilla.

Desfiles, música caribeña  y eventos folclóricos que muestran el impacto cultural y social de la ciudad hacen esta sea la fiesta más importante del país  y que haya sido declarada por la Unesco como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.¨

Vive esta experiencia en la Puerta de Oro de Colombia durante cuatro días en una fiesta llena de alegría y diversidad étnica. Esta temporada de “inmersión” cultural te hará entender un poco la idiosincrasia de un pueblo alegre y espontáneo y notarás la diferencia al volver a casa. Un paréntesis en tu rutina que recargará tus “baterías” para que regreses más tolerante, optimista y productivo. Arriésgate a gozar esta nueva aventura.

 

 

 

Mami, ¿Adónde se ha ido mi mascota?

Perder a una mascota duele. Más duele ver a los hijos sufrir la que quizás puede ser su primera pérdida. Empiezan a preguntar adónde está, cómo se entierra, y si ya no lo verán más. Puede ser el comienzo para explicarles el proceso inevitable de la vida, así como también la oportunidad para amar, cuidar y valorar lo que tenemos. 

La entrega de fidelidad de un animal hacia su amo podría ser la más pura y completa que exista. En medio de nuestros afanes de la vida, nos suaviza y enternece el corazón. 

La falta de tu mascota se hace sentir con el paso de los días. Te diriges al sitio de su plato a servirle agua. Te preocupas por qué no lo has sacado al patio. Un duelo que te desvela a evocar sus recuerdos con agradecimiento. 

Tengo claro que debía atender a mis hijos primero. El desayuno, las loncheras, las alistadas para el colegio. Pero mi perro siempre estaba allí. En su puesto. Con el brillo más intenso en sus ojos y su cuerpo peludito. Esperando su turno sin exigirme, sin manipularme para que yo acariciara sus bigotes, le diera de comer o lo paseara por un rato.

Como pequeños maestros, las mascotas llegan a nuestra vida por corto tiempo a dejar una huella imborrable y una lección de vida. La entrega incondicional del amor puro, el silencio, la prudencia y la espera paciente. No porque se vayan renunciemos a tener una nueva mascota. Enseñemos a nuestros hijos a llevar el duelo, superar la pérdida y seguir adelante con los recuerdos de los momentos más felices. Hacer que lo pinten, que hablen de él, que lloren. Hay que dejarlos sanar. 

Solo tengo gratitud hacia mi compañero inseparable de aventuras y testigo de mi felicidad. El que estuvo en las tristezas y soledades y también en los mejores momentos. Quien vió crecer a unos y nacer a otros. El que no se perdió una clase de canto, piano o pintura ni un viaje ecológico. Otro miembro de mi familia. Su final en este mundo llegó, pero nunca estará ausente en nuestros corazones. 

¡Se acabó la Hora Warner!

Como ya he escrito bastante sobre mis hijos, creo que toca balancear. Pero estaba en la obligación moral de sanar algunos”issues” de mi vida y a la vez hablar de cada uno de los cinco, equitativamente, para evitar resentimientos futuros. 

Soy madre, mujer, hermana, hija, esposa y amiga. Algunos roles mejor desempeñados que otros, pero ante todo soy humana. Me escondo en el baño como muchas. Es mi refugio favorito. Porque a veces ni en mi cuarto puedo encontrar ese oasis que necesito para no desvariar. Mi closet, testigo de sollozos infinitos cuando, no de víctima ni por “niñerías”, quiero desahogar todo lo que cargo, ya sea con lágrimas o con cuadernos. Mi tina, sitio preferido de ritual. Con temperatura “de pelar pollo” que nadie más tolera. Sin chapuceadas de niños ni conversaciones largas. A veces, con una copa de vino tinto, sándalo y música de Sia, me ayudo a repasar el día, lo bueno y lo qué hay que mejorar para no ser la histérica que debe tener todo bajo control.

Cuando la hora Warner (hoy en día podría llamarse hora Boomerang, Discovery kids, Baby TV o Disney Junior ) está a punto de terminar, momento en que ya tu sentido de maternidad comienza a apagarse, lo mejor es que te retires. Es sano que salgas, respires por un rato y reclames tu privacidad. Te la mereces. Hora de Zumba, de cambiar el canal, leer, escribir, hablar con tu amiga o tu pareja. No todo en la vida es ser mamá. Si alguien de tu familia necesita algo, puede esperar. 
Tú happy hour es sagrado. Cuando era más joven e intensa, alrededor de las 8 o 9 p.m. sentía que ya la copa de la paciencia comenzaba a rebosar. Percibes ese agotamiento físico y mental que a veces atenta contra la cordura. Pero como este trabajo, que no es de tiempo completo sino “repleto” y cada vez nos exige más, y porque los años no pasan “en balde”, esa hora va decreciendo. No logras que se duerman y no soportas un cartoon más. Toca delegar. Pide auxilio. A veces gritar es terapéutico. No te sientas mal. Tal vez solo necesites un masaje, un momento sola. No hay mejor terapia que el baño turco. Un espacio con adultos en donde no se hable de tareas, naranjas para el desayuno ni dosis de dolex. 

Después de una tarde interminable de circo, mi hora Warner se sentía eterna. Largas filas y un fuerte dolor de cabeza y espalda. Payasos de medio pelo. Solo quería desaparecer del mapa doméstico por un rato. Dejando a los niños bien cuidados en casa, decidimos buscar la margarita más deseada del oeste. 
Al llegar a Bevgo, sitio de catas de vino y cursos orientados al conocimiento de licores, una señora amable nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja: Los estamos esperando. Suban. 🙀

Nos miramos a los ojos con risa pícara en vista de la equivocación, pero con la complicidad de nuestra mente que decía: Uff, gracias lo necesitábamos. Éramos una de las supuestas parejas invitadas a un curso de bartender para degustar los más deliciosos cocteles que jamás hayamos probado. Menos mal que la pareja fantasma nunca llegó, nadie se dió cuenta de nuestra identidad y pudimos completar el curso a satisfacción, gratis y colados. Yei 😀


Admiro a quienes se realizan no sólo con la maternidad, sino también con satisfacciones propias, no llenando vacíos ni cumpliendo roles que no las hacen felices, ya sea en lo personal o en lo profesional. Pero como yo estoy embarcada y plena en este viaje que escogí para mí, lo mejor es encontrar equilibrio en mi vida. No todo gira en torno a los hijos. Más relajadas, libres y conscientes los educamos mejor. Nos sentimos menos agobiadas y culpables.

 La próxima vez que notes que se acaba la Hora Warner, huye! 

Razones por las cuales debes dejar que tus hijos salgan de la bola de cristal

“Me recogió en el aeropuerto. En el camino no le entendí nada. Cuando llegamos a su casa, la señora me mostró mi cuarto, me tiró un jamón, me dijo que el wifi sólo era de 6 a 8 p.m. y que después de esta hora no podía ir al baño porque la despertaba. Mami, este es mi panorama.  ¿Me puedo regresar?”. Este fue el primer mensaje de mi hija al instalarse en la casa en donde había ido a pasar una temporada a aprender francés.

Porque quiero que mi hijo vea el mundo con sus propios ojos, doy gracias por estas oportunidades que los enseñan a crecer. Hacer rendir la plata, planchar sus propias camisas, destapar cañerías, preparase su propio almuerzo, limpiar y organizar su espacio son de las tantas cosas que aprenden por fuera. Agradecer y extrañar a todas las personas que hacen que no les falte el jugo en el desayuno, que encuentran su jean favorito y su celular perdido. A los que alcahueteamos sus permisos y les resolvemos en la noche cuando ante el mensaje “Le dije que me pusiera seis mil de gasolina y me puso cien mil”, salimos al rescate.

Con el “mami no sabes la que me pasó”…  ya verás lo que viene a continuación. Perdí mi billetera, me dejó el avión, se me perdió la plata, me robaron. 

Tranquila. Lo que tú les has enseñado les servirá como paraguas para sobrevivir en duros momentos. Sabrás de ellos por cuentas de Uber que tocó prohibir y permisos para que “pasearan” los fines de semana. Mensajes de “mami no tengo un peso literal” o “me gasté la plata del mes en la primera semana y me toca volarme en los metros”  o lavar los calzoncillos al resto de la excursión para poder subsistir. Y sacando de donde no tenemos  (en euros 😂), les seguimos resolviendo sus problemas.

Más tolerantes y con otra perspectiva de la vida, regresan a casa. Aunque se hayan perdido de algunos museos o paseos turísticos, lo que más tarde apreciarán y lamentarán, aprendieron de la vida y de sí mismos.

Aunque no siempre es fácil que tus hijos tengan estas posibilidades, siempre hay oportunidades y alternativas para que ellos se beneficien de esta experiencia.


Por todas estas razones me trago las lágrimas cuando se van. Verlos volar. De mochileros, intercambios culturales, excursiones, aprendiendo un nuevo idioma o estudiando en otra ciudad o en el exterior es lo mejor que puede pasarles.
Les abre la mente y el corazón. Valoran la familia, el hogar y todo lo que has hecho por ellos. Conocen nuevos amigos, repiensan sus valores, aprenden a defenderse solitos y lo más importante, comienzan a despertar y a salir de su bola de cristal.