¿Qué aprende un profesor?

De mis alumnos adolescentes aprendí mas que ellos de mi. En once años como catedrática de inglés como lengua extranjera en la Universidad del Norte y otros más en el Colegio Alemán, conocí todo tipo de personajes que siguieron formándome como ser humano y me hicieron comprobar que en esta etapa de la vida los jóvenes aún pueden llegar a ser moldeables.

Me propuse, en cada semestre, dejar alguna huella que fuera más allá del Hello my name is. Mostrar mi lado frágil como era sacar una lagrimita con los videos anti-bullying que veiamos desde el primer día de clases, aunque no estuviera en el programa, para que les quedara claro que en mi salón NO estaba permitido acosar a nadie por cualquier diferencia. 

Creo que aunque no fue estrategia, logré una empatía especial que hace que nos conectemos cuando nos vemos las caras por ahí, en la calle o las redes sociales e inclusive hasta en mi trabajo actual. Percibí como ese contacto hizo posible que algunos mostraran su lado más  humano hasta el punto de contarme problemas que parecieran no incumbirle a un docente universitario. 

Vi con ojos de mamá la transformación de muchos en los pasillos o en la cafetería, cuando me sonreían con camaradería y un cierto grado de complicidad. Fui paciente con alumnos de Enfermería y Medicina que se dormían en clase por haber estado de turno la noche anterior. Otros de Ingenierías que “pernoctaban” en el campus sin haber almorzado. Algunos que venían de provincia y extrañaban sus hogares, los que que a veces pedían prestado para el transporte de regreso y aquellos que aún no eran capaces de aceptar su identidad sexual.

Me convertí en la “teacher-mom” de muchos a quienes protegía de acoso y trataba de enseñarles que tenían todo el derecho de ser respetados de manera que en mis clases el acosador era el acosado. 

Perdoné a quienes aprovecharon mi ida al baño para tomarle fotos al examen del día siguiente y encubrí a quien tuvo la valentía de revelarme el secreto para que yo cambiara las preguntas. 

Todos ellos me aportaron una gran dosis de calidez humana. Los más sensibles, los  controversiales, los perezosos y hasta los pilosos que trataban de corcharme con sus preguntas rebuscadas. Este patrón que se repetía en cada aula, resumía la complejidad de la condición humana y me enseñaba a ser un poco más tolerante ante la diversidad.

A todos ellos y a mis colegas docentes, mis sinceros agradecimientos porque hicieron que valiera la pena una labor a veces menospreciada pero tan gratificante y me convirtieron en una madre más comprensiva. Los profesores aprendemos de los jóvenes más de lo que creemos y a la vez nos convertimos en sus modelos de vida. 

¿Psicólogos para los Hijos? No

Cuando descubrí que mi hijo de trece años había pedido unas cervezas a domicilio con unos amigos, fue la primera vez que llamé a pedir auxilio a una psicóloga. Sentía que la situación se me había salido de las manos. 

No sé si fui extremista, pero esa fue mi reacción al entrar a su cuarto y sentir un tufo diferente al mal olor del sudor del fútbol. Por curiosidad, por carencias o porque es común en la adolescencia, no lo sé. Sólo hice lo que mi instinto maternal me pidió, como siempre y eso está bien. Creo que fue de gran ayuda, pero de ahí en adelante opté por delegar situaciones que primero me correspondían resolver a mi y terminaba siendo yo más parte de la terapia que ellos.

La ayuda profesional la necesitamos primero los padres. Luego socorremos a los hijos. A veces tratamos de llenar vacíos y suplir nuestras necesidades en la crianza de los niños. 

Soy consciente que hay casos que lo ameritan. Problemas de aprendizaje, somatizaciones, trastornos, pérdidas, separación de los padres, abuso, acoso escolar, aunque este también es un tema que comienza desde casa. Pero para situaciones manejables o de comportamiento,  los especialistas nos pueden dar pautas para trabajar en conjunto. De esta forma, la orientación se suaviza y se puede tratar mejor porque además estamos todos sintonizados.

Al llevar a mi hija menor a psicoterapia por sus rabietas constantes, salí destrozada cuando me dijeron que ella me pintaba sin brazos. Estresada por compromisos laborales y cinco hijos, me quedaba poco tiempo para una chiquita de cuatro años. O quizás mi dolor de espalda no me dejaba cargarla y yo interpreté mal su dibujo. 

El caso es que gracias a mi intuición y a la insinuación de la psicóloga, renuncié a un trabajo que exigía mucho de mi y comencé a dedicar más tiempo de calidad a mi y a mi famila. Los resultados fueron inmediatos. Mientras yo estaba más tranquila todo iba mejor. 

 
Ayúdate primero a ti. Resuelve tus conflictos. Sana tus heridas. Lee y documéntate de información útil y con ejemplos de otras personas. Escucha al profesional y a terceros imparciales que ven mejor desde la barrera. Te darás cuenta que no estás sola en esto. Luego, pide s.o.s. para afrontar situaciones como las primeras cervezas, los berrinches, la homosexualidad, el control de esfínter, los novios precoces, la separación y segundas nupcias, la enfermedad llamada adolescencia, y todo lo que me falta vivir en esta labor tan exigente y a la vez gratificante como es la de ser madre.

Súbanle a la Música

¿Cómo se le baja el volumen a esto? Preguntó la enfermera apenas se lo llevaron. Me había quedado ahí en ese éxtasis que uno siente después de haber tenido un bebé. “No tengo ni idea”, le contesté aún transportada. La música de Enya que había llevado el feliz papá a la sala de parto había puesto incómodo a todo el equipo médico, pero hizo posible que la vida recibiera a este hijo en la más completa paz y armonía.

No es fácil educar a un hijo con tan altas expectativas. Y no voy a alardear de todas sus capacidades ni de las cosas que sabe hacer, de su alta concentración y su interés por todo lo que implique conocimiento.  Voy a contar como este pequeño ser rompe el molde en una sociedad en donde estamos acostumbrados a hacer lo que “todos hacen” y el reto que es para nosotros cultivarlo sin que se “contamine” ni se afecte por no ser como los demás.

Motivado por las matemáticas, juegos de armar piezas, pistas, libros e instrumentos musicales, siempre ha preferido juguetes que desarrollen su creatividad. Disfruta museos de ciencias y desde pequeñito goza con todos los rompecabezas que en realidad para mi eran literal unos verdaderos rompe cabezas. Legos, libros y experimentos caseros y químicos se volvieron parte de su vocabulario. Tuvimos la fortuna de que fuera súper estimulado en un jardín que se estrenaba en metodologías que permitían la libertad y el desarrollo creativo y que por algún tiempo fuera el único alumno de esa promoción, pieza clave para que en estos primeros años se sembrara toda esa sed de aprendizaje.

Pero sabíamos que a medida que fuera creciendo no iba a ser fácil para él encajar en una sociedad que a veces te quiere limitar. Decidimos que aprovecharíamos  todas las actividades que fomentaran sus capacidades, sin olvidarnos del deporte y los amigos. Blindarlo ante críticas, reforzarle su amor propio  es nuestro mayor propósito para que nunca pierda su esencia o se afecte su parte emotiva. Respetar y tolerar los diferentes ritmos y admirar otros tipos de inteligencia y talentos, para que sea justo y tolerante con otros y a la vez no sea rechazado en un futuro por las presiones de grupo.

Con el paso del tiempo, por aquellas coincidencias de la vida en donde hasta el transitar por una calle y toparte con personas y oportunidades marcan tu destino, encontró en la música, más específicamente en el piano, su forma de canalizar esta personalidad tan desafiante.

Incentivar la música al igual que las artes y el deporte es lo mejor que puedes hacer por tus hijos. Refuerzan su autoestima y los hacen relajarse en un mundo tan complejo. Desaparecen los miedos, las culpas y los conflictos por un instante. Se alimenta el espíritu y renacen los sueños.

Hoy agradezco a la vida por enseñarme que  cada hijo es una oportunidad para crecer. Un reto para darles lo mejor que podemos que no siempre puede comprarse. Gracias a las personas que han ayudado a hacernos entender esto y seguir en esta dificil tarea que es el ser padres.

Gracias a la música que permitió desde ese eterno momento, como es el nacimiento, acompañarlo, apoyarlo y hacer de este camino una experiencia placentera y gratificante, así hubiésemos roto los protocolos y escandalizado a las enfermeras en aquella sala de parto.

Mi Hijo No Jugaba Fútbol

Supe que mi hijo era distinto del molde convencional desde que era pequeño. Cuando yo insistía en las clases de fútbol, el trauma era grande. Lloraba durante toda la clase y yo me escondía detrás de los árboles, pensando que era algo normal mientras se adaptaba. Pero así fue el resto de los días hasta que no quise torturarlo mas. Su increíble gusto por temas y aficiones “diferentes” se volvió mas notorio mientras iba creciendo y a medida que yo lo apoyaba incondicionalmente, siguiendo mi intuición de madre, con amor y aceptación. (Aclaró que con esto No quiero decir que asocio la orientación sexual con los estereotipos, fue solo el caso de mi hijo.)

Alguna vez, su profesora en el Pre-escolar me dijo que solo quería jugar con las niñas en el recreo. Yo comencé a entenderlo y a quererlo. Traté de fomentarle actividades que implicaban roles “masculinos”. Aunque compartía con todos, demostraba inclinación por otros intereses. No quería forzarlo, ni hacer algo que lo hiciera infeliz, a pesar de sentir la presión de una sociedad que te impone ciertos comportamientos específicos de género. Seguir leyendo