La desaparición de la Suegra

¿Cómo ser suegras en la era digital?

Ghosting, benching, zombing….  Con estas técnicas de terminar el “dating” de hoy en día, en donde con una simple ignorada virtual nos deshacemos de personas, es complicado desempeñar el papel de “la típica suegra” de las parejas de tus hij@s.

Estás acostumbrada a los cierres dramáticos en tus relaciones pasadas, a la visita en el sofá hasta las diez y a la “presentada en sociedad”, que incluya perro, abuela, empleada y hasta tíos para involucrar en familia al nuev@ prospect@, aunque a veces lo único que haces es ahuyentarl@s (seguro que te culparán a ti cuando se termine esa  relación 😂).


Preguntándoles a algunos jóvenes acerca de la mamá ideal de su pareja recibí las siguientes sugerencias

Lo Que Ell@s Piden….

1. Que sea open minded. 

2. Que no sea chismosa.

3. Que los deje viajar en pareja. 

 4. Que no se involucre en las peleas.

5. Que no sea “intensa“.

6. Que no falle el Wi-fi en casa de la suegra. 😂😂 y comida rica…tan conchudos!😜

7. Nueva!  Que no nos sigan en las redes…

En algunas de estas paso la prueba. En otras más o menos. Trato de no meterme, de estar pendiente pero a la vez ser medio invisible para estar en sintonía con los tiempos modernos, aunque no deje de añorar la figura del yerno/nuera, amig@ especial que te acompañe al supermercado, te mande un detalle por tu cumpleaños y hasta juegue monopolio en tu casa con todos.

Toca entender y adaptarse a los cambios, siempre manteniendo el respeto, pero NUNCA “encariñarse” demasiado con algun@.

Puede que ya no l@ veas más y te toque también a ti hacerle ghosting !!😂
GLOSARIO
*ghosting: Romper la relación sin dar la cara.

*benching: una relación mientras se ven otras opciones. (O peor es nada..)

*zombing: los ex que seducen para marcar territorio 

Cómo conectarte con tu hijo hablando su propio idioma

Para comunicarme con cada uno de mis hijos opté por hablar su lenguaje. El arte, la fotografía, el deporte, la música. Con la más difícil de todos los cinco, por cosas de la vida, porque ambas somos mujeres, por la fragilidad de su edad, o porque quizás nos parecemos en algunas cosas, (en otras ya quisiera yo), me tocó meterme en su onda fitness para lograr que nos sintonizáramos y a la vez me contagiara de este nuevo boom tan beneficioso que surgió en la generación millennial.
Si. Es la sirena humana que me pidió su espacio desde la preadolescencia. La que regaló sus barbies sin mi permiso. A la que cada celebración de su fiesta de cumpleaños se me convertía en una pesadilla sin fin, incluyendo tiradas de huevo por el balcón, bañadas en la ducha con ropa y hasta llamadas a la Policía por “amotinamiento” de sus amigos invitados en el parque de la Pizzeria. 

Pero también es la que se levanta rápido de sus caídas, quien me enseñó a dejar de criticar y la que se convirtió en mi asesora de imagen, la fashion police y personal trainer. La Health coach que me ha ayudado a ser más consciente de la importancia del ejercicio, de la buena alimentación y del cuidado y la estética personal.

Busqué por mucho tiempo comunicarme con mi hija en mi propio idioma. No fue una buena idea. Cada vez nos distanciábamos más. Cuando estuvo viviendo lejos, quizás estábamos más cerca. En casa, gracias al chat, me enteraba que ya había llegado y si necesitaba algo. Invitarla a compartir conmigo era cada vez más difícil. Opté por dejárselo a la vida. No insistí más. 


Al Racquetball, que practicó desde los trece años, le debo el nuevo “approach” con ella. Mi amor por el deporte y su pasión por el cardio y la tonificación del cuerpo fueron la fórmula mágica. Encontramos en la cancha una forma de compenetración armoniosa entre madre e hija(aunque ya me gana 😂). Poco a poco este compromiso se fue convirtiendo en algo sagrado. Por fin podía coincidir con ella! Bingo!  


En días en que mi hernia discal molestaba, yo era incapaz de decirle que no podía jugar y terminaba arrastrándome del dolor. Pero valió la pena. Comencé a seguirle sus consejos de comida saludable, aprendí de la proteína whey, batidos, la grasa saturada y todos esos términos de nutrición que han mejorado mi salud y mi ambiente familiar. Trato de seguir sus tips para lograr un mejor estado físico, hacer una rutina de ejercicios más exigente, hacerle caso en mantenerme más arreglada (lo más difícil para mí) y esperar su visto bueno en mis pintas, look y fotos para publicar.​

​En estos días de crisis en que las actitudes de los jóvenes han sido cuestionadas, pienso que sería más que justo analizar, sin darnos golpes de pecho, que ellos han sido el producto de nuestro tipo de educación. El uso indebido y exagerado de la tecnología (no la abstención!) y otras adicciones no son sino el reflejo de los vacíos y el escape de esa falta de conexión con los seres queridos. 

No significa que te vas a meter a su equipo de fútbol ni a emborracharte con ellos. Encontrar un medio, poco a poco y con mucho tacto, que te ayude a hacer clic con tus hijos y rescatar ese cordón umbilical que se estaba desprendiendo de raíz. Sin olvidar las reglas y el respeto, basta escucharlos y te sorprenderás cuantas cosas no sabes y todo lo que puedes aprender de ellos.

Conectados con la Naturaleza 

“No te preocupes tía, que en seis horas lo superas”. Le dijo mi hijo mayor a mi hermana después de que ella llegara casi de noche al Cabo de la Vela. Había sido un viaje largo y difícil con mis tres hijos mayores quienes entraban a esa enfermedad llamada adolescencia. Era otra de esas aventuras que les iba regalando a medida que crecían para que conociéramos y aprendiéramos un poco de la vida que no te agradecen mucho en ese momento. Pero bueno, no les quedó más remedio que irse con su mamá y sus tíos a unas “súper”vacaciones de Diciembre. 

Dormíamos en hamacas y desde las seis de la mañana quedábamos casi que completamente expuestos al sol. Compartíamos entre doce el único baño de la ranchería sin luz con algunos un poco enfermos del estómago. Para rematar el agua que llevábamos se la tragó el radiador en la mitad de la nada cuando la temperatura del carro se disparaba lentamente a la letra H. Entonces decidí, para mi salud mental, conversar con las indígenas Wayúu de la zona y admirar la inmensidad del cielo y no prestar atención a las constantes quejas de los jóvenes viajeros.


Al día siguiente le dieron el último adiós a una gallina antes de ser degollada para el respectivo almuerzo, mientras la consolaban sobándola en la cabeza por una muerte más digna. (Razón por la que algunos dejaron de comer pollo por unos meses). Afortunadamente el resto del tiempo los pude distraer en épocas en donde aún no llevaban celular y se ilusionaban con aprender a manejar en esa playa desierta. 

Fueron tres días duros para todos, porque a pesar de haber disfrutado en otros paseos, este había sido el más largo en “playa baja”. Habíamos naufragado en el recorrido de aquel río caudaloso en donde nos dejamos llevar en neumáticos hasta el mar, atacados por jejenes inclementes. Llegamos a creernos perdidos alguna vez en las montañas de La Sierra Nevada. Sin embargo, esta prueba de supervivencia y súper convivencia era la más dura de todas. 

A pesar de todas las incomodidades, creo que de este viaje siempre recordarán los atardeceres, las noches estrelladas que jamás hayan visto. De las otras aventuras ecoturistas nunca olvidarán  el sonido de las cascadas y los aromas de flores exóticas y cultivos de café. 

Olvidamos de dónde venimos. Y peor aún, lo transmitimos a nuestros hijos. Como padres nos quejamos de verlos aferrados a la tecnología, desconectados de la familia y a menudo, tristes. Vivimos cerca al mar y pasamos los fines de semana en un centro comercial. Tenemos montañas cerca y parques naturales que no conocemos. Algo está al revés. Puede que sea una cuestión cultural. Que somos citadinos o que nos da miedo a lo desconocido. O quizás haya destinos para todos los gustos. Lo único cierto es que si queremos crear conciencia de cuidar y respetar la naturaleza, esto solo podrá ser posible si enseñamos a los hijos a estar en contacto con ella. La madre tierra sensibiliza y te conecta contigo mismo y con las personas que amas. Te estabiliza en un mundo complicado. Te hace valorar tus más importantes necesidades y te explica la razón de muchas cosas.

Hoy con esta nueva generación insisto contra viento y marea en escaparnos a lugares que nos equilibran y recuerdan de dónde venimos. A tener de vez en cuando esa cita con la naturaleza, así nos piquen los zancudos, quedemos insolados o estemos expuestos a otros peligros que también enfrentamos en las ciudades y moles de cemento en donde vivimos. Y ojalá algún día, ya sin las “caras largas” de los hijos y un poco más relajada, espero volver a disfrutar de esas noches estrelladas en ese sitio de felicidad que la tribu Wayúu llama Jepirá, o Cabo de La Vela, adonde ellos creen que llegan al morir.