Momagers

Como mamá del que nació haciendo arte no quedaba más remedio que impulsarlo. ¿Tu hijo es uno que es como loquito? Me preguntaron alguna vez. Y yo feliz de ese atributo, me sentí siempre orgullosa de que brillara con luz propia “outside the box”. 

Azul III juansebastian.com @juansebastianf

                    Toqué las puertas (abiertas y cerradas) de contactos artísticos y al final, hinchada del orgullo y la emoción terminaba tomándome todo el vino que brindaban en las exposiciones. 

Más de una vez lo escuché decirme: Mami, ya bájale a la intensidad. Es por esto que aplaudo todos los comentarios de las mamás en los triunfos de sus hijos, (aunque nos pasemos en los likes), porque más allá de apoyarlos, somos quienes de verdad vemos el talento y el esfuerzo que se forjaron a través de los años. 
Nuestra casa es testigo de ser depósito de luces, disfraces, accesorios para los sets y obras de artesanos que utiliza para sus proyectos, los que pueden tardar meses para que se desarrolle una sola fotografia.

Ya sea en Nueva York o en Palenque, la Mamager siempre está colaborando con el trabajo.  

Lo que hagas por tus hijos es invaluable. Conviértete en la promotora de sus sueños, manteniendo siempre la discreción y reconociendo que sus logros son suyos. Y así, cuando tu corazón te diga que ya llegó el momento preciso, déjalos que vuelen solos.

Carta a las Madres: I love you No Matter What 

El amor de madre es incondicional. Se sabe desde que tienes a tu bebé en el vientre. Lo adorarías en cualquier situación. Sin importarte nada. Este es el verdadero amor. El amor que acepta. El amor que sana.

No temas que tu hijo sea diferente. ¿Diferente para quien? ¿Para ti? ¿Para tu familia, ¿para la sociedad?

Cuando tú hijo o hija tenga la seguridad de saber que él te importa más que todo lo demás, te confiará todo. Habrás honrado tu nombre de mamá. Habrás cumplido con las promesas que le hiciste cuando era bebé. Si llega ese momento, no los hagas sentir peor.

Ellos han enfrentado y luchado más que tú. Han sido discriminados, han estado confundidos. Sienten que te decepcionan de no “cumplir” con tus expectativas. Necesitaron mucho valor para contártelo.

Unas simples palabras salvarán vidas:

-Te amo sin importarme nada.

-No me has decepcionado.

-Gracias por confiar en mí.

-Me siento orgullosa por tu sinceridad.

No los regañes ni confundas más y nunca los saques de la casa. Ni se te ocurra dejar de hablarles. No importa a cuál religión pertenezcas. El amor está por encima de todo. ¿Les enseñaste a ser honestos? Demuéstrales que tú lo eres. 

Tus palabras y reacciones pueden dañar tu relación con ellos de por vida. Defiéndelos frente a los amigos, familia y ante la gente. Lucha por su causa. No tienes que convertirte en una activista ni pegar carteles. Solo basta con amarlos y vivir la verdad con aceptación y amor. No hay nada más hermoso y valioso que aquello que sale del corazón. ¡Gánate el título de Madre!

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¿Psicólogos para los Hijos? No

Cuando descubrí que mi hijo de trece años había pedido unas cervezas a domicilio con unos amigos, fue la primera vez que llamé a pedir auxilio a una psicóloga. Sentía que la situación se me había salido de las manos. 

No sé si fui extremista, pero esa fue mi reacción al entrar a su cuarto y sentir un tufo diferente al mal olor del sudor del fútbol. Por curiosidad, por carencias o porque es común en la adolescencia, no lo sé. Sólo hice lo que mi instinto maternal me pidió, como siempre y eso está bien. Creo que fue de gran ayuda, pero de ahí en adelante opté por delegar situaciones que primero me correspondían resolver a mi y terminaba siendo yo más parte de la terapia que ellos.

La ayuda profesional la necesitamos primero los padres. Luego socorremos a los hijos. A veces tratamos de llenar vacíos y suplir nuestras necesidades en la crianza de los niños. 

Soy consciente que hay casos que lo ameritan. Problemas de aprendizaje, somatizaciones, trastornos, pérdidas, separación de los padres, abuso, acoso escolar, aunque este también es un tema que comienza desde casa. Pero para situaciones manejables o de comportamiento,  los especialistas nos pueden dar pautas para trabajar en conjunto. De esta forma, la orientación se suaviza y se puede tratar mejor porque además estamos todos sintonizados.

Al llevar a mi hija menor a psicoterapia por sus rabietas constantes, salí destrozada cuando me dijeron que ella me pintaba sin brazos. Estresada por compromisos laborales y cinco hijos, me quedaba poco tiempo para una chiquita de cuatro años. O quizás mi dolor de espalda no me dejaba cargarla y yo interpreté mal su dibujo. 

El caso es que gracias a mi intuición y a la insinuación de la psicóloga, renuncié a un trabajo que exigía mucho de mi y comencé a dedicar más tiempo de calidad a mi y a mi famila. Los resultados fueron inmediatos. Mientras yo estaba más tranquila todo iba mejor. 

 
Ayúdate primero a ti. Resuelve tus conflictos. Sana tus heridas. Lee y documéntate de información útil y con ejemplos de otras personas. Escucha al profesional y a terceros imparciales que ven mejor desde la barrera. Te darás cuenta que no estás sola en esto. Luego, pide s.o.s. para afrontar situaciones como las primeras cervezas, los berrinches, la homosexualidad, el control de esfínter, los novios precoces, la separación y segundas nupcias, la enfermedad llamada adolescencia, y todo lo que me falta vivir en esta labor tan exigente y a la vez gratificante como es la de ser madre.

Buscando Respuestas en la Nevera

Varias veces en mi vida me he descontrolado con la comida (aparte del desorden colectivo de las fechas, por supuesto). Desde momentos en donde hasta el más delicioso manjar te sabe a tristeza y no te pasa del epiglotis, hasta aquellos en que arrasas con todo lo que no se mueva. 

Dietas yoyó que reviven tus culpas, laxantes para hacer como si “el día no hubiese existido”, pastillitas milagrosas para no tragar tanto que me provocaban delirio de persecución y hasta devoluciones de alimentos no deseados por el sitio de ingreso.

Entrar a la zona de peligro del hogar para abrir la valiosa caja fuerte de la cocina y comerte, a altas horas de la noche, hasta los estantes del refrigerador y las gavetas de la despensa intentando descifrar los karmas. Vaciar las cajas de cereales familiares y mordisquear el baguette del desayuno, cucharear el Milo, tomarte los jugos y gaseosas (a pico de botella), los que no te acabas, no sé si por piedad con los demás o por no dejar evidencia de la escena del pecado.

Aunque ya sanadas algunas de estas situaciones, recuerdo las rupturas amorosas, el regreso a mi ciudad y casa de mis padres, el estrés de los hijos y del trabajo, la muerte de mi papá, las despedidas, pérdidas y todas las crisis existenciales como mujer, hija, hermana, mamá, amiga y esposa. Todos los traumas que eran desahogados en la puerta de la nevera. Ni que decir de mis momentos de ansiedad, de presiones por sentirte “bonita”, de espera angustiosa, momentos decisivos, arrepentimientos y de comprender las razones del porqué viniste a este mundo. 

Súmale los días de guayabo (resaca) en donde todo lo dulce que veas está amenazado y también porque hay que reconocer que la comida es muy rica y porque la vida hay que disfrutarla, sin caer en los excesos.

Si bien es cierto que el metabolismo desacelera el ritmo con los años, así debe ser tu alma. Evolucionar y encontrar paz en otras cosas que nos llenen los vacíos del corazón y no del estómago. La comida es otro de los vicios que sólo son escapes de lo inevitable: Amarnos primero a nosotros mismos y ser conscientes de un estilo de vida más sano para que cuando abramos la nevera en busca de respuestas, las encontremos no sólo con las que tu cuerpo te agradezca, sino tambien explorándolas dentro de ti. 

Súbanle a la Música

¿Cómo se le baja el volumen a esto? Preguntó la enfermera apenas se lo llevaron. Me había quedado ahí en ese éxtasis que uno siente después de haber tenido un bebé. “No tengo ni idea”, le contesté aún transportada. La música de Enya que había llevado el feliz papá a la sala de parto había puesto incómodo a todo el equipo médico, pero hizo posible que la vida recibiera a este hijo en la más completa paz y armonía.

No es fácil educar a un hijo con tan altas expectativas. Y no voy a alardear de todas sus capacidades ni de las cosas que sabe hacer, de su alta concentración y su interés por todo lo que implique conocimiento.  Voy a contar como este pequeño ser rompe el molde en una sociedad en donde estamos acostumbrados a hacer lo que “todos hacen” y el reto que es para nosotros cultivarlo sin que se “contamine” ni se afecte por no ser como los demás.

Motivado por las matemáticas, juegos de armar piezas, pistas, libros e instrumentos musicales, siempre ha preferido juguetes que desarrollen su creatividad. Disfruta museos de ciencias y desde pequeñito goza con todos los rompecabezas que en realidad para mi eran literal unos verdaderos rompe cabezas. Legos, libros y experimentos caseros y químicos se volvieron parte de su vocabulario. Tuvimos la fortuna de que fuera súper estimulado en un jardín que se estrenaba en metodologías que permitían la libertad y el desarrollo creativo y que por algún tiempo fuera el único alumno de esa promoción, pieza clave para que en estos primeros años se sembrara toda esa sed de aprendizaje.

Pero sabíamos que a medida que fuera creciendo no iba a ser fácil para él encajar en una sociedad que a veces te quiere limitar. Decidimos que aprovecharíamos  todas las actividades que fomentaran sus capacidades, sin olvidarnos del deporte y los amigos. Blindarlo ante críticas, reforzarle su amor propio  es nuestro mayor propósito para que nunca pierda su esencia o se afecte su parte emotiva. Respetar y tolerar los diferentes ritmos y admirar otros tipos de inteligencia y talentos, para que sea justo y tolerante con otros y a la vez no sea rechazado en un futuro por las presiones de grupo.

Con el paso del tiempo, por aquellas coincidencias de la vida en donde hasta el transitar por una calle y toparte con personas y oportunidades marcan tu destino, encontró en la música, más específicamente en el piano, su forma de canalizar esta personalidad tan desafiante.

Incentivar la música al igual que las artes y el deporte es lo mejor que puedes hacer por tus hijos. Refuerzan su autoestima y los hacen relajarse en un mundo tan complejo. Desaparecen los miedos, las culpas y los conflictos por un instante. Se alimenta el espíritu y renacen los sueños.

Hoy agradezco a la vida por enseñarme que  cada hijo es una oportunidad para crecer. Un reto para darles lo mejor que podemos que no siempre puede comprarse. Gracias a las personas que han ayudado a hacernos entender esto y seguir en esta dificil tarea que es el ser padres.

Gracias a la música que permitió desde ese eterno momento, como es el nacimiento, acompañarlo, apoyarlo y hacer de este camino una experiencia placentera y gratificante, así hubiésemos roto los protocolos y escandalizado a las enfermeras en aquella sala de parto.

Mi Hijo No Jugaba Fútbol

Supe que mi hijo era distinto del molde convencional desde que era pequeño. Cuando yo insistía en las clases de fútbol, el trauma era grande. Lloraba durante toda la clase y yo me escondía detrás de los árboles, pensando que era algo normal mientras se adaptaba. Pero así fue el resto de los días hasta que no quise torturarlo mas. Su increíble gusto por temas y aficiones “diferentes” se volvió mas notorio mientras iba creciendo y a medida que yo lo apoyaba incondicionalmente, siguiendo mi intuición de madre, con amor y aceptación. (Aclaró que con esto No quiero decir que asocio la orientación sexual con los estereotipos, fue solo el caso de mi hijo.)

Alguna vez, su profesora en el Pre-escolar me dijo que solo quería jugar con las niñas en el recreo. Yo comencé a entenderlo y a quererlo. Traté de fomentarle actividades que implicaban roles “masculinos”. Aunque compartía con todos, demostraba inclinación por otros intereses. No quería forzarlo, ni hacer algo que lo hiciera infeliz, a pesar de sentir la presión de una sociedad que te impone ciertos comportamientos específicos de género. Seguir leyendo