Porqué los padres debemos ver películas de temáticas gay

1. Porque nos damos cuenta del “martirio” por matoneo que puede estar atravesando un@ joven (ante cualquier tipo de diferencia).

2. Porque no debemos esperar que tengamos un familiar lgbti para colocarnos en sus zapatos .

3. Porque se trataba de un caso de la vida real y referente histórico de una comunidad discriminada.

4. Porque debemos estar conscientes y no ser indiferentes ante una realidad. Fomentar el respeto por la diversidad desde el hogar.

5. Porque la vida da muchas vueltas y quizás algún día nos toque el hombro.

Momagers

Como mamá del que nació haciendo arte no quedaba más remedio que impulsarlo. ¿Tu hijo es uno que es como loquito? Me preguntaron alguna vez. Y yo feliz de ese atributo, me sentí siempre orgullosa de que brillara con luz propia “outside the box”. 

Azul III juansebastian.com @juansebastianf

                    Toqué las puertas (abiertas y cerradas) de contactos artísticos y al final, hinchada del orgullo y la emoción terminaba tomándome todo el vino que brindaban en las exposiciones. 

Más de una vez lo escuché decirme: Mami, ya bájale a la intensidad. Es por esto que aplaudo todos los comentarios de las mamás en los triunfos de sus hijos, (aunque nos pasemos en los likes), porque más allá de apoyarlos, somos quienes de verdad vemos el talento y el esfuerzo que se forjaron a través de los años. 
Nuestra casa es testigo de ser depósito de luces, disfraces, accesorios para los sets y obras de artesanos que utiliza para sus proyectos, los que pueden tardar meses para que se desarrolle una sola fotografia.

Ya sea en Nueva York o en Palenque, la Mamager siempre está colaborando con el trabajo.  

Lo que hagas por tus hijos es invaluable. Conviértete en la promotora de sus sueños, manteniendo siempre la discreción y reconociendo que sus logros son suyos. Y así, cuando tu corazón te diga que ya llegó el momento preciso, déjalos que vuelen solos.

Carta a las Madres: I love you No Matter What 

El amor de madre es incondicional. Se sabe desde que tienes a tu bebé en el vientre. Lo adorarías en cualquier situación. Sin importarte nada. Este es el verdadero amor. El amor que acepta. El amor que sana.

No temas que tu hijo sea diferente. ¿Diferente para quien? ¿Para ti? ¿Para tu familia, ¿para la sociedad?

Cuando tú hijo o hija tenga la seguridad de saber que él te importa más que todo lo demás, te confiará todo. Habrás honrado tu nombre de mamá. Habrás cumplido con las promesas que le hiciste cuando era bebé. Si llega ese momento, no los hagas sentir peor.

Ellos han enfrentado y luchado más que tú. Han sido discriminados, han estado confundidos. Sienten que te decepcionan de no “cumplir” con tus expectativas. Necesitaron mucho valor para contártelo.

Unas simples palabras salvarán vidas:

-Te amo sin importarme nada.

-No me has decepcionado.

-Gracias por confiar en mí.

-Me siento orgullosa por tu sinceridad.

No los regañes ni confundas más y nunca los saques de la casa. Ni se te ocurra dejar de hablarles. No importa a cuál religión pertenezcas. El amor está por encima de todo. ¿Les enseñaste a ser honestos? Demuéstrales que tú lo eres. 

Tus palabras y reacciones pueden dañar tu relación con ellos de por vida. Defiéndelos frente a los amigos, familia y ante la gente. Lucha por su causa. No tienes que convertirte en una activista ni pegar carteles. Solo basta con amarlos y vivir la verdad con aceptación y amor. No hay nada más hermoso y valioso que aquello que sale del corazón. ¡Gánate el título de Madre!

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Carta de mi niña interior

Abrázame fuerte. Tengo miedo. Quiero sentirme segura a tu lado. Deseo crecer en un mundo donde los abrazos sólo sean de amor y los besos en la frente sean de cariño y protección. Quiero tus manos en mi espalda pequeñita sólo para sentir las caricias de los dedos de quienes me amen y que las miradas sólo sean para ver si estoy bien.

Protégeme cuando no sea así. Hazme hablar cuando no esté cómoda. No me hagas callar. Así sienta pánico de quién me hace sentir mal. Déjame vestir como yo me sienta bien. No es para provocar. Aléjame de los que me miran de otra forma y hazme pensar diferente para que me vean por lo que conozco y no por lo que crean que parezco.

Enséñame a ignorar el rechazo. La belleza que vale es la que llevo por dentro. No dejes que me regale. Evítame peligros y malas compañías. Déjame conocer a personas que me valoren por mis sentimientos y no por mi cuerpo. Permíteme encontrar a alguien que descubra mi alma y así juntos podamos amarnos. Gracias por estar pendiente de mi.

Con amor, tu niña interior.
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Hombre de Una Sola Pieza 

Y le tocó finalmente el turno al hombre. A este que no “debe llorar”. Al primer sospechoso del crimen. A quien a veces pasa desapercibido  porque “las mujeres van primero”.  A quienes también merecen equidad de género.

“Soy un hombre de una sola pieza”. No se exactamente qué significa esta frase anti-Millennial que he escuchado un par de veces. ¿Ser siempre el fuerte, no mostrar los sentimientos o nunca cambiar de opinión? Lo que sí creo es que reprime a muchos. A ese quiero decirle que sí está hecho de muchas piezas, que merece expresar lo que siente  y que también le ayudará el escuchar otros puntos de vista.

Desde pequeños los niños llevan consigo esta carga emocional recibiendo bombardeos frecuentes: “No llores cuando te hagan matoneo, Pégale y defiéndete. No te dejes. Eso le toca al hombre”. Semejante peso para llevar hasta la tumba, como ha pasado con algunos abuelitos sin saber que no estaba bien, que eso marca. Algunos hasta empacan los correazos que les dieron por no haberlo entendido.

Para rematar en la adolescencia, aún en nuestra sociedad, tienen que gastarse su mesada porque es el hombre quien “tiene que pagar la cuenta”. Y a diferencia de nosotras, quienes podemos ser un poco más selectivas a la hora de “ligar”, les toca conformarse con cualquiera por el simple hecho de “ser hombres”.

Hoy no iré en defensa de la mujer, quien además se ve afectada con estos mensajes llenos de machismo. Hoy los elogios son para los hombres. Aquellos que protegen al nido, proveen para su sustento y lo defienden de los depredadores. A los que saben que su familia es lo primero.  A los que no siempre se enamoran de mujeres, a otros que no logran aceptar esta realidad. A los genios que descubren en las matemáticas su pasión por la vida. Al deportista que se deja lesionar por obtener el triunfo y romper récords y al obrero de la construcción que atacamos cuando trabajando a pleno sol se distrae con mirar a la mujer bonita que pasa por la calle.

Afortunadamente (para nosotras también) ya los hemos involucrado en tareas domésticas que merecen compartir (excepto la cargada del mercado que se las seguimos cediendo a ellos). El cambio de pañal, la reunión del colegio, las visitas al doctor. No eran bienvenidos en estos sitios en el pasado(por lo menos así fue en mi casa). ¿Porque estaban ocupados trabajando? No creo. Es que no era “bien visto”. Era la labor de la mujer. 

Hoy, a pesar de seguir con guerra de chistes y memes feministas y así a veces nos provoque que fueran astronautas, no podemos vivir sin ellos. Las mamás nos derretimos con nuestros Edipos, morimos de amor con sus caricias y los defendemos como el animal más salvaje cuando se ven amenazados en su entorno.

En este mes, el que finalmente reconocemos que este género es vulnerable y también tiene emociones. A mi artista, mi futbolista y mi pianista favorito les digo con el corazón: Está bien hijo: también puedes llorar.

Sirenas Más Humanas

“Las sacó de la casa en una bolsa negra”, me respondieron cuando pregunté por las muñecas de mi hija (creo que tenía unos nueve o diez) al ver que no estaban en su repisa. No se si me dió tan duro como para recordarlo a estas alturas porque dejaba de ser ñina sin mi consentimiento o porque quizás a veces tratamos de educar con nuestras propias frustraciones.

El cuento es que se me quedó grabado y  como a quien no quiere caldo se le dan dos tazas, la vida me prestó dos hijas mucho mas “femeninas” que yo. Cuando una talentosa cantante adolescente me preguntó esta semana en su cuenta de instagram cual era mi juguete favorito en la infancia, me tomó varios minutos para contestar. Creo que me hubieran corchado en la pregunta final si hubiése sido reina de belleza. No tengo las imágenes claras si jugaba con muñecas o no. Tal vez no habría presupuesto para estos artículos costosos, que en ese entonces eran un lujo o tal vez éramos tantos (a veces nos daban regalos compartidos) que nos distraíamos con las mascotas, jugando ping-pong en el patio de la casa o subidos en el palo de mango pasando las crisis existenciales. O es posible que fueran otras épocas y que mis padres, en su buena fé e intuición, no le dieran importancia a los juguetes, a diferencia de una buena educación y comida, que nunca nos hizo falta.

Lo cierto es que hoy con estas dos chicas he aprendido, que sin querer “nerdizarlas”o apartarlas del mundo real, prefiero regalarles otro tipo de cosas y mostrarles que también hay otro mundo para las mujeres. Primero porque comencé a darme cuenta que hay mensajes (algunos enmascarados en regalos), que pueden limitar sueños profesionales y personales. Y segundo porque aunque hoy en día hay modelos de muñecas mas incluyentes, algunas aún idealizan una belleza cruel e irreal. Pero también debo aceptar que ellas analicen y decidan lo que quieren, porque son seres individuales  y no puedo imponer mis ideas e ilusiones. Así que si ellas ven que hay artistas que deciden regalar Barbies de brillantes en el primer cumpleaños de sus hijas, de igual forma logren respetar que cada uno tiene sus propias prioridades.

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Ojalá nunca dejen de ser tiernas ni pierdan la dulzura, esencia de la mujer, ni la sensualidad de las sirenas. Pero que no caigan en la trampa de enfrascarse en juegos que siguen promoviendo una cultura de estereotipos y roles, en donde los hobbies favoritos sólo sean probarse ropa y cuidar a los hijos. También quisiera que amaran el campo, la naturaleza, el mar y las montañas, que defendieran animales amenazados y causas perdidas. Que diseñen, construyan y colaboren con la ciencia. Que saboreen instrumentos musicales, se deleiten con cuentos fantásticos y tengan compasión por los enfermos. Que aprecien el arte, conozcan la realidad del país y toleren la diversidad.

En este mes de disfraces y regalos, en el que numerosos mensajes conspiraron para que escribiera acerca de este tema, solo quise reflexionar acerca de lo que mi humilde experiencia, aparte de alguna que otra embarrada, me ha aterrizado. A las muñecas y Barbies, bienvenidas mientras sirvan para romper paradigmas y sean un poco mas humanas y realistas. A familiares y amigos, gracias por los libros, la música, los rompecabezas y los juegos deportivos y de mesa.

Que afortunada soy de ser parte de esta nueva conciencia en defensa del rol de la mujer para que seamos mas valoradas, y mis hijas de vivir en una época en donde sus decisiones son un poco más aceptadas. Solo queda hablarles para que sean más humanas. Sin prohibir, porque basta con que digas esta palabra para que comiencen a hacerlo a tus espaldas.

Mi Hijo No Jugaba Fútbol

Supe que mi hijo era distinto del molde convencional desde que era pequeño. Cuando yo insistía en las clases de fútbol, el trauma era grande. Lloraba durante toda la clase y yo me escondía detrás de los árboles, pensando que era algo normal mientras se adaptaba. Pero así fue el resto de los días hasta que no quise torturarlo mas. Su increíble gusto por temas y aficiones “diferentes” se volvió mas notorio mientras iba creciendo y a medida que yo lo apoyaba incondicionalmente, siguiendo mi intuición de madre, con amor y aceptación. (Aclaró que con esto No quiero decir que asocio la orientación sexual con los estereotipos, fue solo el caso de mi hijo.)

Alguna vez, su profesora en el Pre-escolar me dijo que solo quería jugar con las niñas en el recreo. Yo comencé a entenderlo y a quererlo. Traté de fomentarle actividades que implicaban roles “masculinos”. Aunque compartía con todos, demostraba inclinación por otros intereses. No quería forzarlo, ni hacer algo que lo hiciera infeliz, a pesar de sentir la presión de una sociedad que te impone ciertos comportamientos específicos de género. Seguir leyendo