Abre tu Mente, Empaca tu Maleta..al Carnaval de Barranquilla

Si lo miras con ojos de viajero, todo puede ser interesante, enriquecedor y hasta divertido. Mark Twain, escribió que el viaje es “fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de miras”. Alejarte un poco de tu cotidianidad, descubrir lugares nuevos y conocer su gente.

No hace falta que “tires la casa por la ventana” para realizar un viaje. Busca el destino que se ajuste a tu gusto y presupuesto. Desde un viaje ecoturístico por las montañas o a la playa mas recóndita, experimentar un tour gastronómico, visitar ruinas o museos, hasta estudiar un nuevo idioma en un país extranjero, un viaje siempre es una nueva oportunidad para ser personas mas abiertas y cultas.

Estudios han demostrado que viajar y conocer diferentes escenarios aumenta la creatividad y hasta mejora la salud, nos hace más tolerantes y de hecho más felices. Es lo que vivirás al visitar el Carnaval de Barranquilla.

Desfiles, música caribeña  y eventos folclóricos que muestran el impacto cultural y social de la ciudad hacen esta sea la fiesta más importante del país  y que haya sido declarada por la Unesco como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.¨

Vive esta experiencia en la Puerta de Oro de Colombia durante cuatro días en una fiesta llena de alegría y diversidad étnica. Esta temporada de “inmersión” cultural te hará entender un poco la idiosincrasia de un pueblo alegre y espontáneo y notarás la diferencia al volver a casa. Un paréntesis en tu rutina que recargará tus “baterías” para que regreses más tolerante, optimista y productivo. Arriésgate a gozar esta nueva aventura.

 

 

 

¡Se acabó la Hora Warner!

Como ya he escrito bastante sobre mis hijos, creo que toca balancear. Pero estaba en la obligación moral de sanar algunos”issues” de mi vida y a la vez hablar de cada uno de los cinco, equitativamente, para evitar resentimientos futuros. 

Soy madre, mujer, hermana, hija, esposa y amiga. Algunos roles mejor desempeñados que otros, pero ante todo soy humana. Me escondo en el baño como muchas. Es mi refugio favorito. Porque a veces ni en mi cuarto puedo encontrar ese oasis que necesito para no desvariar. Mi closet, testigo de sollozos infinitos cuando, no de víctima ni por “niñerías”, quiero desahogar todo lo que cargo, ya sea con lágrimas o con cuadernos. Mi tina, sitio preferido de ritual. Con temperatura “de pelar pollo” que nadie más tolera. Sin chapuceadas de niños ni conversaciones largas. A veces, con una copa de vino tinto, sándalo y música de Sia, me ayudo a repasar el día, lo bueno y lo qué hay que mejorar para no ser la histérica que debe tener todo bajo control.

Cuando la hora Warner (hoy en día podría llamarse hora Boomerang, Discovery kids, Baby TV o Disney Junior ) está a punto de terminar, momento en que ya tu sentido de maternidad comienza a apagarse, lo mejor es que te retires. Es sano que salgas, respires por un rato y reclames tu privacidad. Te la mereces. Hora de Zumba, de cambiar el canal, leer, escribir, hablar con tu amiga o tu pareja. No todo en la vida es ser mamá. Si alguien de tu familia necesita algo, puede esperar. 
Tú happy hour es sagrado. Cuando era más joven e intensa, alrededor de las 8 o 9 p.m. sentía que ya la copa de la paciencia comenzaba a rebosar. Percibes ese agotamiento físico y mental que a veces atenta contra la cordura. Pero como este trabajo, que no es de tiempo completo sino “repleto” y cada vez nos exige más, y porque los años no pasan “en balde”, esa hora va decreciendo. No logras que se duerman y no soportas un cartoon más. Toca delegar. Pide auxilio. A veces gritar es terapéutico. No te sientas mal. Tal vez solo necesites un masaje, un momento sola. No hay mejor terapia que el baño turco. Un espacio con adultos en donde no se hable de tareas, naranjas para el desayuno ni dosis de dolex. 

Después de una tarde interminable de circo, mi hora Warner se sentía eterna. Largas filas y un fuerte dolor de cabeza y espalda. Payasos de medio pelo. Solo quería desaparecer del mapa doméstico por un rato. Dejando a los niños bien cuidados en casa, decidimos buscar la margarita más deseada del oeste. 
Al llegar a Bevgo, sitio de catas de vino y cursos orientados al conocimiento de licores, una señora amable nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja: Los estamos esperando. Suban. 🙀

Nos miramos a los ojos con risa pícara en vista de la equivocación, pero con la complicidad de nuestra mente que decía: Uff, gracias lo necesitábamos. Éramos una de las supuestas parejas invitadas a un curso de bartender para degustar los más deliciosos cocteles que jamás hayamos probado. Menos mal que la pareja fantasma nunca llegó, nadie se dió cuenta de nuestra identidad y pudimos completar el curso a satisfacción, gratis y colados. Yei 😀


Admiro a quienes se realizan no sólo con la maternidad, sino también con satisfacciones propias, no llenando vacíos ni cumpliendo roles que no las hacen felices, ya sea en lo personal o en lo profesional. Pero como yo estoy embarcada y plena en este viaje que escogí para mí, lo mejor es encontrar equilibrio en mi vida. No todo gira en torno a los hijos. Más relajadas, libres y conscientes los educamos mejor. Nos sentimos menos agobiadas y culpables.

 La próxima vez que notes que se acaba la Hora Warner, huye!