Momagers

Como mamá del que nació haciendo arte no quedaba más remedio que impulsarlo. ¿Tu hijo es uno que es como loquito? Me preguntaron alguna vez. Y yo feliz de ese atributo, me sentí siempre orgullosa de que brillara con luz propia “outside the box”. 

Azul III juansebastian.com @juansebastianf

                    Toqué las puertas (abiertas y cerradas) de contactos artísticos y al final, hinchada del orgullo y la emoción terminaba tomándome todo el vino que brindaban en las exposiciones. 

Más de una vez lo escuché decirme: Mami, ya bájale a la intensidad. Es por esto que aplaudo todos los comentarios de las mamás en los triunfos de sus hijos, (aunque nos pasemos en los likes), porque más allá de apoyarlos, somos quienes de verdad vemos el talento y el esfuerzo que se forjaron a través de los años. 
Nuestra casa es testigo de ser depósito de luces, disfraces, accesorios para los sets y obras de artesanos que utiliza para sus proyectos, los que pueden tardar meses para que se desarrolle una sola fotografia.

Ya sea en Nueva York o en Palenque, la Mamager siempre está colaborando con el trabajo.  

Lo que hagas por tus hijos es invaluable. Conviértete en la promotora de sus sueños, manteniendo siempre la discreción y reconociendo que sus logros son suyos. Y así, cuando tu corazón te diga que ya llegó el momento preciso, déjalos que vuelen solos.

La Paz Comienza Por Casa

Quiero estar solo. Estas palabras entran al corazón de una mamá como un puñal. Cuesta trabajo entender que por quien has entregado tanto no quiera verte por un rato. Escuchas cuando tu hija adolescente le dice a sus amigas: Que pereza ir con mi mamá, déjanos asolear, no me tomes más fotos, no me des tantos likes en facebook, son muchos días de vacaciones contigo, o alguna de estas frases que te duelen y te hacen aterrizar. Entonces, es momento de evaluar si estamos siendo muy controladoras y si debemos dar un paso atrás.

Hoy ya no solo son los adolescentes quienes te dicen esto. Mi hija de cinco años me saca de su cuarto frecuentemente. Debemos entender que así como hay veces en que tu misma quieres encerrarte en tu cuarto, baño, closet o hasta en un búnker por unos minutos y no escuchar la palabra”Mami”, así ellos también necesitan su espacio.

Comencé a percibir que mi hijo sería un espíritu libre, cuando gateando, perseguía todo lo que tuviera movimiento. Le extendía sus brazos al primero que llegara a la casa para que lo paseara. Con menos de dos años, superó en su pequeñito mundo, los conflictos de una separación. El dolor y el miedo de sacarlo adelante fueron mis sentimientos mas profundos. Pero día a día me demostró su tenacidad y me enseñó, con su sonrisa, que hay que seguir viviendo a pesar de las adversidades.

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Mientras pasábamos nuestro duelo en casa de amigos, tíos y tías generosos que nos apoyaron en esta etapa aburrida, inventándose paseos y planes para sacarnos de la casa, mi hijo gozaba cada momento con sus hermanos mayores, primos y amigos. Este guerrerito alegre al que todo el mundo quería invitar y el único que se prestaba para las bromas de sus  primos mayores, aprendió a llamar por teléfono desde los dos años, marcando el número de su prima contemporánea desde las seis de la mañana (perdóname cuñado por tantas despertadas) mientras balbuceaba sus primeras palabras: Onta Paola.

Se ganó el corazón de todos con su camaradería, amor y pasión por la vida. Ya hoy a punto de finalizar su bachillerato e irse a estudiar afuera (sniff), escasamente está en casa. Entre partidos, paseos, fiestas, salidas a comer y otras mas que prefiero no imaginarme, mi hijo “sandwich”, o “compañero de clase” como le llamo yo con cariño, se ríe de mi cuando le digo “esto no es un hotel” o con mas frecuencia “calienta la casa”, frase heredada de mis padres, que a propósito, nunca entendí su connotación.

Se presenta diariamente con sus guayos deportivos embarrados, los que deja en la entrada de la casa (sitio de parqueo colectivo de calzado), llama desde la gasolinera porque no le alcanzó la plata para la gasolina o para la cuenta del restaurante, o te escribe desde el colegio porque olvidó llevar la cartulina. Y yo, llena de dudas, sin saber si es lo correcto o no, termino siempre apoyándolo y alcahueteándolo, luego de cantarle la cartilla rigurosa de responsabilidad y compromiso, porque basta una mirada, una frase o un gesto de nobleza suyo para que solo puedas derretirte.

Pero así como en nosotros, también hay días grises. Y cuando veamos que este niño o adolescente llegue a casa triste o aburrido, por cualquier motivo personal, debemos entender que hay que dejarlos solos. Que a veces solo tienen sueño, o están cansados, quieren hablar o chatear con alguien mas, fantasear o simplemente disfrutar de su privacidad y soledad. Si los atacamos con preguntas como que tienes o que te pasa con insistencia, probablemente nos van a responder con un déjame solo(a).

Respetar el silencio de los hijos no es fácil. Pero si algún día nos piden que salgamos del cuarto o nos dicen “ahora no mami”, respiremos profundo sin resentimiento y esperemos que procesen por lo que están pasando. Al cabo de un tiempo nos volverán a buscar para hablarnos y hasta abrazarnos, y nuevamente estaremos allí, llenas de amor incondicional, dispuestas a darlo todo.