Hombre de Una Sola Pieza 

Y le tocó finalmente el turno al hombre. A este que no “debe llorar”. Al primer sospechoso del crimen. A quien a veces pasa desapercibido  porque “las mujeres van primero”.  A quienes también merecen equidad de género.

“Soy un hombre de una sola pieza”. No se exactamente qué significa esta frase anti-Millennial que he escuchado un par de veces. ¿Ser siempre el fuerte, no mostrar los sentimientos o nunca cambiar de opinión? Lo que sí creo es que reprime a muchos. A ese quiero decirle que sí está hecho de muchas piezas, que merece expresar lo que siente  y que también le ayudará el escuchar otros puntos de vista.

Desde pequeños los niños llevan consigo esta carga emocional recibiendo bombardeos frecuentes: “No llores cuando te hagan matoneo, Pégale y defiéndete. No te dejes. Eso le toca al hombre”. Semejante peso para llevar hasta la tumba, como ha pasado con algunos abuelitos sin saber que no estaba bien, que eso marca. Algunos hasta empacan los correazos que les dieron por no haberlo entendido.

Para rematar en la adolescencia, aún en nuestra sociedad, tienen que gastarse su mesada porque es el hombre quien “tiene que pagar la cuenta”. Y a diferencia de nosotras, quienes podemos ser un poco más selectivas a la hora de “ligar”, les toca conformarse con cualquiera por el simple hecho de “ser hombres”.

Hoy no iré en defensa de la mujer, quien además se ve afectada con estos mensajes llenos de machismo. Hoy los elogios son para los hombres. Aquellos que protegen al nido, proveen para su sustento y lo defienden de los depredadores. A los que saben que su familia es lo primero.  A los que no siempre se enamoran de mujeres, a otros que no logran aceptar esta realidad. A los genios que descubren en las matemáticas su pasión por la vida. Al deportista que se deja lesionar por obtener el triunfo y romper récords y al obrero de la construcción que atacamos cuando trabajando a pleno sol se distrae con mirar a la mujer bonita que pasa por la calle.

Afortunadamente (para nosotras también) ya los hemos involucrado en tareas domésticas que merecen compartir (excepto la cargada del mercado que se las seguimos cediendo a ellos). El cambio de pañal, la reunión del colegio, las visitas al doctor. No eran bienvenidos en estos sitios en el pasado(por lo menos así fue en mi casa). ¿Porque estaban ocupados trabajando? No creo. Es que no era “bien visto”. Era la labor de la mujer. 

Hoy, a pesar de seguir con guerra de chistes y memes feministas y así a veces nos provoque que fueran astronautas, no podemos vivir sin ellos. Las mamás nos derretimos con nuestros Edipos, morimos de amor con sus caricias y los defendemos como el animal más salvaje cuando se ven amenazados en su entorno.

En este mes, el que finalmente reconocemos que este género es vulnerable y también tiene emociones. A mi artista, mi futbolista y mi pianista favorito les digo con el corazón: Está bien hijo: también puedes llorar.

Sirenas Más Humanas

“Las sacó de la casa en una bolsa negra”, me respondieron cuando pregunté por las muñecas de mi hija (creo que tenía unos nueve o diez) al ver que no estaban en su repisa. No se si me dió tan duro como para recordarlo a estas alturas porque dejaba de ser ñina sin mi consentimiento o porque quizás a veces tratamos de educar con nuestras propias frustraciones.

El cuento es que se me quedó grabado y  como a quien no quiere caldo se le dan dos tazas, la vida me prestó dos hijas mucho mas “femeninas” que yo. Cuando una talentosa cantante adolescente me preguntó esta semana en su cuenta de instagram cual era mi juguete favorito en la infancia, me tomó varios minutos para contestar. Creo que me hubieran corchado en la pregunta final si hubiése sido reina de belleza. No tengo las imágenes claras si jugaba con muñecas o no. Tal vez no habría presupuesto para estos artículos costosos, que en ese entonces eran un lujo o tal vez éramos tantos (a veces nos daban regalos compartidos) que nos distraíamos con las mascotas, jugando ping-pong en el patio de la casa o subidos en el palo de mango pasando las crisis existenciales. O es posible que fueran otras épocas y que mis padres, en su buena fé e intuición, no le dieran importancia a los juguetes, a diferencia de una buena educación y comida, que nunca nos hizo falta.

Lo cierto es que hoy con estas dos chicas he aprendido, que sin querer “nerdizarlas”o apartarlas del mundo real, prefiero regalarles otro tipo de cosas y mostrarles que también hay otro mundo para las mujeres. Primero porque comencé a darme cuenta que hay mensajes (algunos enmascarados en regalos), que pueden limitar sueños profesionales y personales. Y segundo porque aunque hoy en día hay modelos de muñecas mas incluyentes, algunas aún idealizan una belleza cruel e irreal. Pero también debo aceptar que ellas analicen y decidan lo que quieren, porque son seres individuales  y no puedo imponer mis ideas e ilusiones. Así que si ellas ven que hay artistas que deciden regalar Barbies de brillantes en el primer cumpleaños de sus hijas, de igual forma logren respetar que cada uno tiene sus propias prioridades.

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Ojalá nunca dejen de ser tiernas ni pierdan la dulzura, esencia de la mujer, ni la sensualidad de las sirenas. Pero que no caigan en la trampa de enfrascarse en juegos que siguen promoviendo una cultura de estereotipos y roles, en donde los hobbies favoritos sólo sean probarse ropa y cuidar a los hijos. También quisiera que amaran el campo, la naturaleza, el mar y las montañas, que defendieran animales amenazados y causas perdidas. Que diseñen, construyan y colaboren con la ciencia. Que saboreen instrumentos musicales, se deleiten con cuentos fantásticos y tengan compasión por los enfermos. Que aprecien el arte, conozcan la realidad del país y toleren la diversidad.

En este mes de disfraces y regalos, en el que numerosos mensajes conspiraron para que escribiera acerca de este tema, solo quise reflexionar acerca de lo que mi humilde experiencia, aparte de alguna que otra embarrada, me ha aterrizado. A las muñecas y Barbies, bienvenidas mientras sirvan para romper paradigmas y sean un poco mas humanas y realistas. A familiares y amigos, gracias por los libros, la música, los rompecabezas y los juegos deportivos y de mesa.

Que afortunada soy de ser parte de esta nueva conciencia en defensa del rol de la mujer para que seamos mas valoradas, y mis hijas de vivir en una época en donde sus decisiones son un poco más aceptadas. Solo queda hablarles para que sean más humanas. Sin prohibir, porque basta con que digas esta palabra para que comiencen a hacerlo a tus espaldas.