Sirenas Más Humanas

“Las sacó de la casa en una bolsa negra”, me respondieron cuando pregunté por las muñecas de mi hija (creo que tenía unos nueve o diez) al ver que no estaban en su repisa. No se si me dió tan duro como para recordarlo a estas alturas porque dejaba de ser ñina sin mi consentimiento o porque quizás a veces tratamos de educar con nuestras propias frustraciones.

El cuento es que se me quedó grabado y  como a quien no quiere caldo se le dan dos tazas, la vida me prestó dos hijas mucho mas “femeninas” que yo. Cuando una talentosa cantante adolescente me preguntó esta semana en su cuenta de instagram cual era mi juguete favorito en la infancia, me tomó varios minutos para contestar. Creo que me hubieran corchado en la pregunta final si hubiése sido reina de belleza. No tengo las imágenes claras si jugaba con muñecas o no. Tal vez no habría presupuesto para estos artículos costosos, que en ese entonces eran un lujo o tal vez éramos tantos (a veces nos daban regalos compartidos) que nos distraíamos con las mascotas, jugando ping-pong en el patio de la casa o subidos en el palo de mango pasando las crisis existenciales. O es posible que fueran otras épocas y que mis padres, en su buena fé e intuición, no le dieran importancia a los juguetes, a diferencia de una buena educación y comida, que nunca nos hizo falta.

Lo cierto es que hoy con estas dos chicas he aprendido, que sin querer “nerdizarlas”o apartarlas del mundo real, prefiero regalarles otro tipo de cosas y mostrarles que también hay otro mundo para las mujeres. Primero porque comencé a darme cuenta que hay mensajes (algunos enmascarados en regalos), que pueden limitar sueños profesionales y personales. Y segundo porque aunque hoy en día hay modelos de muñecas mas incluyentes, algunas aún idealizan una belleza cruel e irreal. Pero también debo aceptar que ellas analicen y decidan lo que quieren, porque son seres individuales  y no puedo imponer mis ideas e ilusiones. Así que si ellas ven que hay artistas que deciden regalar Barbies de brillantes en el primer cumpleaños de sus hijas, de igual forma logren respetar que cada uno tiene sus propias prioridades.

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Ojalá nunca dejen de ser tiernas ni pierdan la dulzura, esencia de la mujer, ni la sensualidad de las sirenas. Pero que no caigan en la trampa de enfrascarse en juegos que siguen promoviendo una cultura de estereotipos y roles, en donde los hobbies favoritos sólo sean probarse ropa y cuidar a los hijos. También quisiera que amaran el campo, la naturaleza, el mar y las montañas, que defendieran animales amenazados y causas perdidas. Que diseñen, construyan y colaboren con la ciencia. Que saboreen instrumentos musicales, se deleiten con cuentos fantásticos y tengan compasión por los enfermos. Que aprecien el arte, conozcan la realidad del país y toleren la diversidad.

En este mes de disfraces y regalos, en el que numerosos mensajes conspiraron para que escribiera acerca de este tema, solo quise reflexionar acerca de lo que mi humilde experiencia, aparte de alguna que otra embarrada, me ha aterrizado. A las muñecas y Barbies, bienvenidas mientras sirvan para romper paradigmas y sean un poco mas humanas y realistas. A familiares y amigos, gracias por los libros, la música, los rompecabezas y los juegos deportivos y de mesa.

Que afortunada soy de ser parte de esta nueva conciencia en defensa del rol de la mujer para que seamos mas valoradas, y mis hijas de vivir en una época en donde sus decisiones son un poco más aceptadas. Solo queda hablarles para que sean más humanas. Sin prohibir, porque basta con que digas esta palabra para que comiencen a hacerlo a tus espaldas.

AMA TU CAOS

 

En la madrugada del veinticinco de Diciembre, mientras armábamos las pistas de carros y abríamos los regalos de navidad de los más pequeños, comenzaron a llegar los adolescentes de la casa con zapatos en mano caminando por encima de las piezas. Cuando eran aún más bebés, las despertadas de unos coincidían con las llegadas de los otros o viceversa. Hacía lo que humanamente podía para que el recién nacido no despertara a los otros, pasando por todos los cuartos rogando por unos cuantos minutos de sueño.

La logística de las madres de hoy suelen ser caóticas. Como mamá de cinco hijos de todas las edades, caer en brazos de Morfeo se convierte en tu más anhelada fantasía. Súmale si trabajas. Cumplir la agenda del hogar millennial es una verdadera maratón. Entre llevadas y traídas, distribución de remedios, apoyo en tareas, abastecimiento de loncheras y menús fits para ser democráticos,  quedamos exhaustas y  a las siete de la noche  comenzamos a pedir pista para quedar profundas. Al menos por un rato. Necesitas saber,  en tu estado alfa, que todos están bien. Que se llevaron la llave, que encontraron parqueadero, que se firmó la circular y los uniformes están listos, que no se subió la fiebre y que hay meriendas y desayuno para mañana. Luego no debes olvidar que tu pareja también llegó.

Cada familia es diferente. Lo que verdaderamente importa es que en la tuya las cosas funcionen. Pasando de ser set de fotografías y pinturas a sede de conciertos, laboratorios de ciencia y negocios de repostería, mi sala se convirtió en un escenario deportivo. Quitando todo lo que pudiera romperse o dañarse, fue el sitio en donde todos aprendieron a patinar. Con mesa de ping-pong y porterías imaginarias de fútbol (la puerta principal y la del baño social), logré que mis hijos estuvieran más en casa. “Un partidido a 11”, nos dicen antes de irse al colegio, lo que aprovechas para que sea el momento de hacer sentadillas mientras te vuelves cadi recogiendo bolas.

Con toda esta revolución diaria de quehaceres y responsabilidades para que salgan todos adelante, solo te queda respirar profundo y reírte del día a día. Aprovecha cada minuto de descanso que puedas. Hay momentos hermosos que compensan todo lo que haces. Algún día extrañarás cuando tu casa se vuelva silenciosa.