Momagers

Como mamá del que nació haciendo arte no quedaba más remedio que impulsarlo. ¿Tu hijo es uno que es como loquito? Me preguntaron alguna vez. Y yo feliz de ese atributo, me sentí siempre orgullosa de que brillara con luz propia “outside the box”. 

Azul III juansebastian.com @juansebastianf

                    Toqué las puertas (abiertas y cerradas) de contactos artísticos y al final, hinchada del orgullo y la emoción terminaba tomándome todo el vino que brindaban en las exposiciones. 

Más de una vez lo escuché decirme: Mami, ya bájale a la intensidad. Es por esto que aplaudo todos los comentarios de las mamás en los triunfos de sus hijos, (aunque nos pasemos en los likes), porque más allá de apoyarlos, somos quienes de verdad vemos el talento y el esfuerzo que se forjaron a través de los años. 
Nuestra casa es testigo de ser depósito de luces, disfraces, accesorios para los sets y obras de artesanos que utiliza para sus proyectos, los que pueden tardar meses para que se desarrolle una sola fotografia.

Ya sea en Nueva York o en Palenque, la Mamager siempre está colaborando con el trabajo.  

Lo que hagas por tus hijos es invaluable. Conviértete en la promotora de sus sueños, manteniendo siempre la discreción y reconociendo que sus logros son suyos. Y así, cuando tu corazón te diga que ya llegó el momento preciso, déjalos que vuelen solos.

¡Se acabó la Hora Warner!

Como ya he escrito bastante sobre mis hijos, creo que toca balancear. Pero estaba en la obligación moral de sanar algunos”issues” de mi vida y a la vez hablar de cada uno de los cinco, equitativamente, para evitar resentimientos futuros. 

Soy madre, mujer, hermana, hija, esposa y amiga. Algunos roles mejor desempeñados que otros, pero ante todo soy humana. Me escondo en el baño como muchas. Es mi refugio favorito. Porque a veces ni en mi cuarto puedo encontrar ese oasis que necesito para no desvariar. Mi closet, testigo de sollozos infinitos cuando, no de víctima ni por “niñerías”, quiero desahogar todo lo que cargo, ya sea con lágrimas o con cuadernos. Mi tina, sitio preferido de ritual. Con temperatura “de pelar pollo” que nadie más tolera. Sin chapuceadas de niños ni conversaciones largas. A veces, con una copa de vino tinto, sándalo y música de Sia, me ayudo a repasar el día, lo bueno y lo qué hay que mejorar para no ser la histérica que debe tener todo bajo control.

Cuando la hora Warner (hoy en día podría llamarse hora Boomerang, Discovery kids, Baby TV o Disney Junior ) está a punto de terminar, momento en que ya tu sentido de maternidad comienza a apagarse, lo mejor es que te retires. Es sano que salgas, respires por un rato y reclames tu privacidad. Te la mereces. Hora de Zumba, de cambiar el canal, leer, escribir, hablar con tu amiga o tu pareja. No todo en la vida es ser mamá. Si alguien de tu familia necesita algo, puede esperar. 
Tú happy hour es sagrado. Cuando era más joven e intensa, alrededor de las 8 o 9 p.m. sentía que ya la copa de la paciencia comenzaba a rebosar. Percibes ese agotamiento físico y mental que a veces atenta contra la cordura. Pero como este trabajo, que no es de tiempo completo sino “repleto” y cada vez nos exige más, y porque los años no pasan “en balde”, esa hora va decreciendo. No logras que se duerman y no soportas un cartoon más. Toca delegar. Pide auxilio. A veces gritar es terapéutico. No te sientas mal. Tal vez solo necesites un masaje, un momento sola. No hay mejor terapia que el baño turco. Un espacio con adultos en donde no se hable de tareas, naranjas para el desayuno ni dosis de dolex. 

Después de una tarde interminable de circo, mi hora Warner se sentía eterna. Largas filas y un fuerte dolor de cabeza y espalda. Payasos de medio pelo. Solo quería desaparecer del mapa doméstico por un rato. Dejando a los niños bien cuidados en casa, decidimos buscar la margarita más deseada del oeste. 
Al llegar a Bevgo, sitio de catas de vino y cursos orientados al conocimiento de licores, una señora amable nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja: Los estamos esperando. Suban. 🙀

Nos miramos a los ojos con risa pícara en vista de la equivocación, pero con la complicidad de nuestra mente que decía: Uff, gracias lo necesitábamos. Éramos una de las supuestas parejas invitadas a un curso de bartender para degustar los más deliciosos cocteles que jamás hayamos probado. Menos mal que la pareja fantasma nunca llegó, nadie se dió cuenta de nuestra identidad y pudimos completar el curso a satisfacción, gratis y colados. Yei 😀


Admiro a quienes se realizan no sólo con la maternidad, sino también con satisfacciones propias, no llenando vacíos ni cumpliendo roles que no las hacen felices, ya sea en lo personal o en lo profesional. Pero como yo estoy embarcada y plena en este viaje que escogí para mí, lo mejor es encontrar equilibrio en mi vida. No todo gira en torno a los hijos. Más relajadas, libres y conscientes los educamos mejor. Nos sentimos menos agobiadas y culpables.

 La próxima vez que notes que se acaba la Hora Warner, huye! 

La Paz Comienza Por Casa

Quiero estar solo. Estas palabras entran al corazón de una mamá como un puñal. Cuesta trabajo entender que por quien has entregado tanto no quiera verte por un rato. Escuchas cuando tu hija adolescente le dice a sus amigas: Que pereza ir con mi mamá, déjanos asolear, no me tomes más fotos, no me des tantos likes en facebook, son muchos días de vacaciones contigo, o alguna de estas frases que te duelen y te hacen aterrizar. Entonces, es momento de evaluar si estamos siendo muy controladoras y si debemos dar un paso atrás.

Hoy ya no solo son los adolescentes quienes te dicen esto. Mi hija de cinco años me saca de su cuarto frecuentemente. Debemos entender que así como hay veces en que tu misma quieres encerrarte en tu cuarto, baño, closet o hasta en un búnker por unos minutos y no escuchar la palabra”Mami”, así ellos también necesitan su espacio.

Comencé a percibir que mi hijo sería un espíritu libre, cuando gateando, perseguía todo lo que tuviera movimiento. Le extendía sus brazos al primero que llegara a la casa para que lo paseara. Con menos de dos años, superó en su pequeñito mundo, los conflictos de una separación. El dolor y el miedo de sacarlo adelante fueron mis sentimientos mas profundos. Pero día a día me demostró su tenacidad y me enseñó, con su sonrisa, que hay que seguir viviendo a pesar de las adversidades.

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Mientras pasábamos nuestro duelo en casa de amigos, tíos y tías generosos que nos apoyaron en esta etapa aburrida, inventándose paseos y planes para sacarnos de la casa, mi hijo gozaba cada momento con sus hermanos mayores, primos y amigos. Este guerrerito alegre al que todo el mundo quería invitar y el único que se prestaba para las bromas de sus  primos mayores, aprendió a llamar por teléfono desde los dos años, marcando el número de su prima contemporánea desde las seis de la mañana (perdóname cuñado por tantas despertadas) mientras balbuceaba sus primeras palabras: Onta Paola.

Se ganó el corazón de todos con su camaradería, amor y pasión por la vida. Ya hoy a punto de finalizar su bachillerato e irse a estudiar afuera (sniff), escasamente está en casa. Entre partidos, paseos, fiestas, salidas a comer y otras mas que prefiero no imaginarme, mi hijo “sandwich”, o “compañero de clase” como le llamo yo con cariño, se ríe de mi cuando le digo “esto no es un hotel” o con mas frecuencia “calienta la casa”, frase heredada de mis padres, que a propósito, nunca entendí su connotación.

Se presenta diariamente con sus guayos deportivos embarrados, los que deja en la entrada de la casa (sitio de parqueo colectivo de calzado), llama desde la gasolinera porque no le alcanzó la plata para la gasolina o para la cuenta del restaurante, o te escribe desde el colegio porque olvidó llevar la cartulina. Y yo, llena de dudas, sin saber si es lo correcto o no, termino siempre apoyándolo y alcahueteándolo, luego de cantarle la cartilla rigurosa de responsabilidad y compromiso, porque basta una mirada, una frase o un gesto de nobleza suyo para que solo puedas derretirte.

Pero así como en nosotros, también hay días grises. Y cuando veamos que este niño o adolescente llegue a casa triste o aburrido, por cualquier motivo personal, debemos entender que hay que dejarlos solos. Que a veces solo tienen sueño, o están cansados, quieren hablar o chatear con alguien mas, fantasear o simplemente disfrutar de su privacidad y soledad. Si los atacamos con preguntas como que tienes o que te pasa con insistencia, probablemente nos van a responder con un déjame solo(a).

Respetar el silencio de los hijos no es fácil. Pero si algún día nos piden que salgamos del cuarto o nos dicen “ahora no mami”, respiremos profundo sin resentimiento y esperemos que procesen por lo que están pasando. Al cabo de un tiempo nos volverán a buscar para hablarnos y hasta abrazarnos, y nuevamente estaremos allí, llenas de amor incondicional, dispuestas a darlo todo.

 

 

Mi Hijo No Jugaba Fútbol

Supe que mi hijo era distinto del molde convencional desde que era pequeño. Cuando yo insistía en las clases de fútbol, el trauma era grande. Lloraba durante toda la clase y yo me escondía detrás de los árboles, pensando que era algo normal mientras se adaptaba. Pero así fue el resto de los días hasta que no quise torturarlo mas. Su increíble gusto por temas y aficiones “diferentes” se volvió mas notorio mientras iba creciendo y a medida que yo lo apoyaba incondicionalmente, siguiendo mi intuición de madre, con amor y aceptación. (Aclaró que con esto No quiero decir que asocio la orientación sexual con los estereotipos, fue solo el caso de mi hijo.)

Alguna vez, su profesora en el Pre-escolar me dijo que solo quería jugar con las niñas en el recreo. Yo comencé a entenderlo y a quererlo. Traté de fomentarle actividades que implicaban roles “masculinos”. Aunque compartía con todos, demostraba inclinación por otros intereses. No quería forzarlo, ni hacer algo que lo hiciera infeliz, a pesar de sentir la presión de una sociedad que te impone ciertos comportamientos específicos de género. Seguir leyendo