Alimentándolos de Amor


El proceso de la lactancia es el principal recurso de amor y va más allá de suministrar alimento.

Ese crucero en enero había sido una pésima idea. El silencio del camarote en altamar y el frío de las lluvias constantes se sentían peor con el vaivén del barco y el fuerte olor del brote de leche que aún me salía de los senos. Era como si mi hija bebé me reclamara con cada llanto a miles de kilómetros de distancia. De noche el dolor de mis pezones se hacía tan insoportable que se confundía con la nostalgia y el remordimiento.

La maternidad es una decisión. La lactancia es una hermosa oportunidad de afianzar los vínculos. Un acto de amor que va más allá de los beneficios nutricionales y que no conoce prejuicios sociales ni apariencia estética. Proporciona bienestar, salud, seguridad y afecto tanto para la madre como para el hijo y fortalece los lazos de unión para toda la vida.

Nuestro deber de madres está por encima de la pareja, de nuestros compromisos laborales y sociales. No puedo culparme ni justificar mi decisión porque en ese momento eso fue lo que pensé que era lo mejor. 

Ya no hay marcha atrás y espero que sanemos nuestras diferencias algún día. Sin embargo, creo que no valió la pena y hoy lamento haberme dejado presionar para arreglar “asuntos de pareja” y dejar por varios días a mi bebé de tan solo tres meses a cargo de una niñera. 

Nada era más importante que mi compromiso como madre. Las relaciones amorosas van y vienen. Los trabajos y los compromisos también. Pero los hijos nacen a través de nosotras y siempre permanecerán unidos afectivamente, así ya no estén. Entrégale todo el tiempo que puedas a tu bebé por encima de todo y manifiéstale tu amor a través de la lactancia. Con cinco hijos te aseguro que son los mejores momentos de intimidad con nuestros hijos.

 

Buscando Respuestas en la Nevera

Varias veces en mi vida me he descontrolado con la comida (aparte del desorden colectivo de las fechas, por supuesto). Desde momentos en donde hasta el más delicioso manjar te sabe a tristeza y no te pasa del epiglotis, hasta aquellos en que arrasas con todo lo que no se mueva. 

Dietas yoyó que reviven tus culpas, laxantes para hacer como si “el día no hubiese existido”, pastillitas milagrosas para no tragar tanto que me provocaban delirio de persecución y hasta devoluciones de alimentos no deseados por el sitio de ingreso.

Entrar a la zona de peligro del hogar para abrir la valiosa caja fuerte de la cocina y comerte, a altas horas de la noche, hasta los estantes del refrigerador y las gavetas de la despensa intentando descifrar los karmas. Vaciar las cajas de cereales familiares y mordisquear el baguette del desayuno, cucharear el Milo, tomarte los jugos y gaseosas (a pico de botella), los que no te acabas, no sé si por piedad con los demás o por no dejar evidencia de la escena del pecado.

Aunque ya sanadas algunas de estas situaciones, recuerdo las rupturas amorosas, el regreso a mi ciudad y casa de mis padres, el estrés de los hijos y del trabajo, la muerte de mi papá, las despedidas, pérdidas y todas las crisis existenciales como mujer, hija, hermana, mamá, amiga y esposa. Todos los traumas que eran desahogados en la puerta de la nevera. Ni que decir de mis momentos de ansiedad, de presiones por sentirte “bonita”, de espera angustiosa, momentos decisivos, arrepentimientos y de comprender las razones del porqué viniste a este mundo. 

Súmale los días de guayabo (resaca) en donde todo lo dulce que veas está amenazado y también porque hay que reconocer que la comida es muy rica y porque la vida hay que disfrutarla, sin caer en los excesos.

Si bien es cierto que el metabolismo desacelera el ritmo con los años, así debe ser tu alma. Evolucionar y encontrar paz en otras cosas que nos llenen los vacíos del corazón y no del estómago. La comida es otro de los vicios que sólo son escapes de lo inevitable: Amarnos primero a nosotros mismos y ser conscientes de un estilo de vida más sano para que cuando abramos la nevera en busca de respuestas, las encontremos no sólo con las que tu cuerpo te agradezca, sino tambien explorándolas dentro de ti.