Súbanle a la Música

¿Cómo se le baja el volumen a esto? Preguntó la enfermera apenas se lo llevaron. Me había quedado ahí en ese éxtasis que uno siente después de haber tenido un bebé. “No tengo ni idea”, le contesté aún transportada. La música de Enya que había llevado el feliz papá a la sala de parto había puesto incómodo a todo el equipo médico, pero hizo posible que la vida recibiera a este hijo en la más completa paz y armonía.

No es fácil educar a un hijo con tan altas expectativas. Y no voy a alardear de todas sus capacidades ni de las cosas que sabe hacer, de su alta concentración y su interés por todo lo que implique conocimiento.  Voy a contar como este pequeño ser rompe el molde en una sociedad en donde estamos acostumbrados a hacer lo que “todos hacen” y el reto que es para nosotros cultivarlo sin que se “contamine” ni se afecte por no ser como los demás.

Motivado por las matemáticas, juegos de armar piezas, pistas, libros e instrumentos musicales, siempre ha preferido juguetes que desarrollen su creatividad. Disfruta museos de ciencias y desde pequeñito goza con todos los rompecabezas que en realidad para mi eran literal unos verdaderos rompe cabezas. Legos, libros y experimentos caseros y químicos se volvieron parte de su vocabulario. Tuvimos la fortuna de que fuera súper estimulado en un jardín que se estrenaba en metodologías que permitían la libertad y el desarrollo creativo y que por algún tiempo fuera el único alumno de esa promoción, pieza clave para que en estos primeros años se sembrara toda esa sed de aprendizaje.

Pero sabíamos que a medida que fuera creciendo no iba a ser fácil para él encajar en una sociedad que a veces te quiere limitar. Decidimos que aprovecharíamos  todas las actividades que fomentaran sus capacidades, sin olvidarnos del deporte y los amigos. Blindarlo ante críticas, reforzarle su amor propio  es nuestro mayor propósito para que nunca pierda su esencia o se afecte su parte emotiva. Respetar y tolerar los diferentes ritmos y admirar otros tipos de inteligencia y talentos, para que sea justo y tolerante con otros y a la vez no sea rechazado en un futuro por las presiones de grupo.

Con el paso del tiempo, por aquellas coincidencias de la vida en donde hasta el transitar por una calle y toparte con personas y oportunidades marcan tu destino, encontró en la música, más específicamente en el piano, su forma de canalizar esta personalidad tan desafiante.

Incentivar la música al igual que las artes y el deporte es lo mejor que puedes hacer por tus hijos. Refuerzan su autoestima y los hacen relajarse en un mundo tan complejo. Desaparecen los miedos, las culpas y los conflictos por un instante. Se alimenta el espíritu y renacen los sueños.

Hoy agradezco a la vida por enseñarme que  cada hijo es una oportunidad para crecer. Un reto para darles lo mejor que podemos que no siempre puede comprarse. Gracias a las personas que han ayudado a hacernos entender esto y seguir en esta dificil tarea que es el ser padres.

Gracias a la música que permitió desde ese eterno momento, como es el nacimiento, acompañarlo, apoyarlo y hacer de este camino una experiencia placentera y gratificante, así hubiésemos roto los protocolos y escandalizado a las enfermeras en aquella sala de parto.

¿Democracia o Dedocracia en Casa?

Me propuse, a medida que iban naciendo mis hijos, que trataría de ser lo  más justa posible con todos. Quizás esto es hasta más difícil que el caos diario del hogar. Defender al más débil, al más pequeño, no dejarse manipular, dedicar tiempo a todos, publicar fotos de cada uno, darles regalos por igual, no comparar. ¡Uff, esto si qué es complicado!  Una cosa es que tengan gustos afines contigo y otra es el favoritismo en casa. Aunque me pregunten ¿Mami, verdad que yo soy tu hijo preferido?, esto es lo que debemos evitar.

Cuando en el colegio me pedían que llevara fotos mías de bebé o en donde apareciéramos todos, rebuscaba por los álbumes familiares que llegaban hasta los primeros hermanos. Siendo la sexta y penúltima de la casa, encontré una que otra fotico en donde me cargaban los mayores. Pareciera que el fotógrafo familiar hubiese fallecido cuando yo nací. Y el famoso libro de bebé nunca lo encontré. Pero bueno, no voy a culpar a mis padres. Estarían supremamente ocupados resolviendo situaciones importantes para sacar adelante a siete hijos.

Aunque pareciera insignificante, esa promesa de estado se me volvió una obsesión: Innumerables fotos de todos los sucesos de sus vidas, impresas o digitales, que ya no tengo donde guardar. Videos familiares y con sus amigos que hoy disfrutan sin parar de reír, libros de bebé (prometo terminar el último) con todos los datos, fotos, percepciones, mechones de cabello y hasta su ombliguito disecado. Parece mentira pero estas “evidencias” de amor que uno sella en este libro sirvieron como consuelo a un amigo adolescente que perdió a su mamá. Entendió todo lo que había significado su maternidad y lo que ella sentía por él en estas etapas de la vida en que a uno la memoria no le llega.

Desde la sala cuna estamos siendo comparados. Lo veo como hija y ahora como mamá. Trato de recordar las cosas que podían afectarme para no repetirlo con los míos. Que si tienes los ojos verdes o azules como todos (menos mal que nació mi hermano menor con unos mas oscuros), que si tienes peores notas, no eres buena para este deporte, que aún no lees bien. No es fácil “sobrevivir” en un hogar o en un salón de clases y menos aún cuando hay tantos competidores.

Mi hija menor no la tiene fácil. Con un hermano talentoso en habilidades cognitivas, musicales y deportivas, armando rompecabezas desde pequeñito y leyendo partituras musicales desde los seis, comenzó a sentirse triste cuando todos endiosábamos a su hermano, resaltando sus méritos. Gracias a la orientación de una excelente profesora, que además de docente y psicóloga, es una madre e hija increíblemente humana, hizo que me diera cuenta del error que estábamos cometiendo, sin querer, como padres.

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Comencé a recalcar todas sus virtudes artíticas, su don para la pintura, su capacidad histriónica fuera de serie y respetarle su ritmo de aprendizaje. Me relajé un poco porque le estaba afectando la situación y bloqueando algunos procesos. Hasta por fuera las personas le preguntaban, ¿Eres igual de inteligente que tu hermano? ¡Aló! Cómo hacen daño estos comentarios! En este momento me llegaba el recuerdo de infancia cuando te lo comienzas a creer. Y como mamá, no te puedes quedar callada. Para defenderlos, buscas tu artillería y contestas con un tonito vengativo: Si, ella es hasta mejor.

Desde mi perspectiva e intuición de mamá, solo veo lo que pudo afectarme de pequeña y escuchar consejos útiles de personas positivas y profesionales, para poder educarlos en un hogar mas democrático y pacífico. Cada ser y cada hijo es único e irrepetible. Hábiles para unas cosas y no tanto para otras. Las mamás estamos para ser, además de interventoras en sus proyectos de vida, veedoras de la justicia en el hogar, evitando preferencias por algunos. Ser abogadas, cuando sentimos que algo pueda hacerles daño, especialmente si son pequeños, o que sean comparados o aplanchados por otros mientras ellos van reforzando su autoestima. Algún día lo harán ellos por sí solos si ya no estamos allí y seguramente lo tratarán de repetir con sus propias familias.